segunda-feira, 17 de junho de 2013

O Seminário, Livro 16, De um ao Outro ao outro, Jaques Lacan


S16-01 de13 de novembro de 1968

\01/ Nos reencontramos este año para un seminario cuyo título he elegido: "De un Otro al otro", para indicar lo que serán los grandes hitos alrededor de los cuales debe —hablando propiamente— girar mi discurso. Es en esto que ese discurso, en el punto del tiempo en que estamos, es crucial. Lo es en la medida en que define lo propio de ese discurso que se llama el discurso psicoanalítico, cuya introducción, su entrada en juego en estos tiempos, importa tantas consecuencias.

\02/ Sobre ese proceso del discurso ha sido puesta una etiqueta: el estructuralismo, palabra que, por otra parte no tiene necesidad del publicista que, repentinamente, mi Dios, no hace  tan gran número de meses, la ha impulsado para englobar a un cierto número, cuyo trabajo, desde hace tiempo, había trazado algunos caminos de ese discurso. Acabo de hablar de un publicista. Todos saben los juegos de palabras que me he permitido alrededor de la "poubellication". Henos allí pues, a un cierto número —por la gracia de lo que es el oficio— reunidos en la misma "poubelle". Podría tenerse compañía más desagradable. En verdad, aquéllos junto a los cuales me he encontrado, no eran más que gentes por cuyo trabajo tengo la más grande estima. No podría, de todos modos encontrarme mal, sobre todo que, en lo que se refiere a la "poubelle", dominada en ese momento por el genio de Samuel Becket, conocíamos un cabo de ella. Personalmente para mí, después de haber habitado durante treinta años, hasta hoy en tres secciónes de quince, diez y cinco años, en tres sociedades psicoanalíticas, he conocido una punta sobre lo que se refiere a cohabitar con la basura dirigida.

\03/ En lo que se refiere al estructuralismo, en verdad, se comprende el malestar que puede producirse en algunos acerca del manejo, pretendidamente del exterior impuesto a nuestro habitar común, y  por otra parte, que pueda sentirse al anhelo de salir de él un poco para estirar las piernas.

\04/ No resta menos que, después que esta impaciencia parezca, según toda apariencia, tocar a algunos, me de cuenta que, en esta casta, después de todo, no me encuentro tan mal. En tanto que, a mis ojos, este estructuralismo no me parece poder ser identificado a otra cosa que a lo que yo llamaría, muy simplemente: lo serio. En ningún grado, ciertamente, se podría llamar una filosofía, si por esta palabra, se designa una visión del mundo o hasta algún modo de asegurar, a derecha e izquierda, las posiciones de un pensamiento. Sería suficiente para refutar el primer caso, que fuera verdad que el psicoanálisis no pretende, de ningún  modo, introducir lo que se intitula, ridículamente, una Antropología psicoanalítica. Sería suficiente recordar, a la entrada misma de ese dominio de las verdades constituyentes, todo lo que aporta en ese campo el psicoanálisis, a saber, que no existe  unión del hombre y de la mujer sin que: a) la castración no determine a título de fantasma, precisamente, la realidad del partenaire en quien ella es imposible; b) sin que ella —la castración— se juegue en esta suerte de recelo que la plantea como verdad en el partenaire, a quien ella es realmente —salvo exceso accidental— economizada. Insistamos precisamente en que, retomando esta fórmula del Génesis de que Dios los crea —existe también él "crea"— hombre y mujer. Es el caso de decir que  Dios sabe por qué. En uno lo imposible de su efectuación en la castración, viene a plantearse como determinando su realidad; en el otro lo peor, pues ella amenaza como posible y no tiene necesidad de arribar para ser verdad, en el sentido en que ese término no comporta recurso. Ese sólo recuerdo, parece, implica que, al menos en el seno del campo que —aparentemente— es el nuestro, ninguna armonía, de cualquier modo que la designemos, es puesta de ningún  modo. Seguramente se impone algún propósito a nosotros, que es precisamente del discurso que conviene.

\05/ Para conducirlo tendremos que plantearnos, de algún modo, la pregunta de donde ha partido toda la filosofía, esto es que, a la  vista de tanto saber, no sin valor no eficacia, ¿Qué es lo que puede distinguir ese  curso, asegurado por sí mismo que, fundándose sobre un criterio que tomaría su propia medida del pensamiento, merecería intitularse: episteme, ¿la ciencia?.

\06/ Somos llevados por ese desafío que acabo de designar como el que es llevado por la verdad a lo real, a tener más prudencia, en esta marcha de puesta de acuerdo del pensamiento consigo mismo.

\07/ Una regla de pensamiento que debe asegurarse del no-pensamiento como de lo que puede ser su causa. He ahí a lo que estamos confrontados con la noción del inconsciente.

\08 No es más que en la medida del fuera de sentido de los propósitos y no más, como uno se imagina, y como toda la fenomenología lo supone, el sentido que yo soy como pensamiento. Mi pensamiento no es regulable —se ajuste o no, ¡ay de mí!, a mi gusto— él es regulado. En mi acto, no a punto a expresarlo sino a causarlo. Pero no se trata del acto. En el discurso, no debo seguir su regla sino encontrar su causa. En el entre-sentido —entiendan tan obsceno como puedan imaginarlo— está el ser del pensamiento.

\09/ Lo que tiene que pasar por mi pensamiento, la causa, deja pasar pura y simplemente lo que ha sido como ser, y esto por el hecho que ya, y siempre, allí donde él ha pasado, lo ha hecho siempre produciendo efectos de pensamiento.

\10/ "Llueve!" (Il pleut) es un acontecimiento del pensamiento cada vez que es enunciado, y el sujeto és, en primer lugar, este "il ", este "ille" diría yo, que él constituye un cierto número de significaciónes. Y por eso que este "il" se encuentra a su gusto en todo lo que sigue, pues a "llueve" (il pleut), ustedes pueden dar "llueven verdades primeras" (il pleut des verités premieres); hay abuso allí (il  y a de l' abus) sobre todo en confundir la lluvia, el meteoro, con la pluvia, l' aqua pluvia. la lluvia, el agua que de ella se recoge. El meteoro es propicio a la metáfora. Y, ¿por qué? Porque él ya está hecho de significantes. Llueve. El ser del pensamiento es la causa de un pensamiento en tanto que fuera de sentido. El era ya y siempre, antes, ser de un pensamiento.

\11/ Pues, la práctica de esta estructura rechaza toda promoción  de alguna infalibilidad. Ella no se ayuda, precisamente, más que de la falla, o más bien de su mismo proceso, pues existe un proceso de la falla y éste es ayudarse de ella más que en seguirla, lo que no es de ningún modo superarla, sólo permitir su aprehensión. La consecuencia de esto es su coagulación en el tiempo, en el punto mismo donde la reproducción del proceso se detiene.

\12/ Es decir que es su tiempo de detención el que marca el resultado  y  esto es lo que explica, digámoslo aquí con un toque discreto al pasar que todo arte sea defectuoso. Es de la recopilación de aquello que, en el punto donde su desfallecimiento de ser lleva a cabo su hoquedad, =[ocidade] es de esa recopilación que él toma su fuerza, y es por ello que la música y la arquitectura son las artes supremas —entiendo supremas técnicamente— como máximo en lo basal, produciendo la relación del número armónico con el tiempo y el espacio, bajo el ángulo, precisamente, de su incompatibilidad. Pues el número armónico no es, ahora se lo sabe bien, más que colador que no retiene ni el uno ni el otro, ni ese tiempo, ni ese espacio.

\13/ He allí eso de lo cual el estructuralismo es tomar en serio. Es el tomar en serio el saber como causa, causa del pensamiento, y lo más habitual —es necesario decirlo— es una intención delirante.

\14/ No se asusten. Estos son propósitos iniciales, recuerdos de certitudes, no de verdades. Y quisiera —antes de introducir hoy los esquemas de los cuales intento partir— marcar que, si algo de ahora en más, debe quedarles en el hueco de la mano, es lo que he tomado cuidado en escribir, hace un momento en el pizarrón, sobre la esencia de la teoría: "La esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabra". La esencia de la teoría psicoanalítica es la función del discurso y precisamente en lo que podría parecerles nuevo, o al menos paradojal: que yo lo diga sin palabra.

\15/ Se trata de la esencia de la teoría en tanto que eso es lo que está en juego.

\16/¿Que ocurre con la teoría en el campo psicoanalítico? Alrededor de  eso, escucho rugir alrededor de  mí, extraños ecos. El malentendido no falta y bajo el pretexto que al plantear todo un campo del pensamiento como manipulación, parezco cuestionar principios tradicionales. Yo oigo —y esto es traducido sorprendentemente por estar en lugares o cabezas que me son próximas por no se qué, que se llamaría "de la imposibilidad teórica". Hasta he encontrado eso en el decurso de algunas líneas, eso que un día he anunciado en un contexto que expresaba precisamente lo que quiere decir: que no hay universo del discurso. Entonces, ¿para qué fatigarnos?  parece  concluirse.

\17/ Sin duda importa menos a mis ojos el corregir mi decir, pues no se presta a ninguna ambigüedad y se ve en el hecho que se lo puede enunciar precisamente por lo que se ha enunciado: que no hay punto de clausura del discurso, que el discurso es en esa medida —bien lejos de ello, ni imposible, ni aún sólo desvalorizado— es precisamente a partir de allí que, de ese discurso tienen ustedes su peso, y especialmente el de conducirlo bien, teniendo en cuenta lo que quiere decir este enunciado: que no hay universo del discurso.

\18/ No hay, ciertamente entonces, bajo este punto de vista nada a corregir de mi parte; simplemente volver a allí para hacer los pasos siguientes, de las consecuencias que se inducen del discurso ya anticipado, pero también, quizá, volver sobre lo que puede hacer, que, estando ligado tanto como puede estarlo un analista a las condiciones de ese discurso, puede en todo momento mostrar, así, su desfallecimiento.

Parte 2

\19/ Hubo un tiempo —permítaseme antes de entrar en ese dominio un poco de música— en que yo había tomado el ejemplo del pote, no sin que se produjera tal escándalo que dejé ese pote, si pudiera decirse, al margen de  mis "Escritos".

\20/ Se trataba de que el pote es, de algún  modo, la imagen sensible, que es esta significación por sí misma modelada, gracias a la cual, manifestando la apariencia de una forma y un contenido, permite introducir en el pensamiento el hecho, que el contenido es la significación. Como si el pensamiento manifestara allí esa necesidad de imaginarse como teniendo otra cosa que contener, pues eso es lo que el término contener designa cuando se lleva a propósito de un acto intempestivo.

\21/ El pote, lo llamé de mostaza para destacar que lejos de contenerla forzosamente, es, precisamente por estar vacío que él toma su valor de pote de mostaza. A saber, que es porque la palabra mostaza (moutarde) está escrita encima, pero mostaza que quiere decir que a él lo vacía tarde (moule lui tarde), a ese pote, para alcanzar su vida eterna de pote, que comienza en el momento en que él será agujereado; pues es bajo este aspecto, a través de los tiempos, que lo recogemos en las excavaciones, a saber, buscando en tumbas lo que nos testimonia del estado de una civilización. El pote está agujereado, se dice, en homenaje al difunto y para que el viviente no pueda servirse de él. Esta es, con seguridad, una razón. Pero existe quizá otra que sería ésta: que ese agujero estaría hecho para producir, para que ese agujero se produzca ilustrando el mito de las Dananides..... Es en ese estado que, ese pote, cuando lo obtenemos así de su lugar de sepultura resucitado, viene a alardear de superioridad sobre el anaquel del colecciónista y,  en ese momento de gloria, le es propio lo que es también para Dios: es en esta gloria que él revela precisamente su naturaleza.

\22/ Allí aparece lo que es la estructura del pote —no digo su materia— que es correlativa de la función del tubo y del tambor y, si vamos a buscar las preformas en la naturaleza, veremos que los cuernos o las caracolas, después que la vida les ha sido extraída muestran lo que es su esencia: a saber, su capacidad sonora.

\23/  Civilizaciones enteras no son representadas para nosotros más que por esos potecitos que tienen la forma de una cabeza, o de algún animal cubierto él mismo de tantos signos impenetrables desde entonces para nosotros, a falta de documentos correlativos. Aquí sentimos la significación, la imagen; está precisamente bien en el exterior, lo que está en el interior va a ser, precisamente, lo que yace en la tumba donde lo encontramos; a saber, materias preciosas, sustancias preciosas, perfumes, oro, incienso y mirra, como se dice.

\24/  El pote, ¿explica la significación de lo que está allí, a título de qué?  A título de un valor de uso, digamos más bien de un valor de cambio con otro mundo y otra dignidad, de un valor homenaje.

\25/ El hecho que sea en potes que hayamos encontrado los manuscritos del Mar  Muerto, está hecho para hacernos sentir que no es el significado lo que esta en el interior, es muy precisamente el significante y que es a él a lo que debemos atender cuando se trata de aquello que nos importa, a saber: la relación del discurso y la palabra en la eficiencia analítica.

\26/ Aquí, demando que se me permita un cortocircuito en el momento de introducir lo que, pienso, les imaginarizará la unidad de la función teórica en esta marcha, propia o impropiamente llamada estructuralista.

\27/ Apelaré a Marx por el cual estoy apenado, importunado desde hace tiempo, por no haber introducido sus propósitos en un campo donde, sin embargo, está perfectamente en su lugar.

\28/ Quiero hoy introducir a propósito del objeto a, el lugar donde vamos a situar su función esencial. En tanto que es necesario, procederá por un alcance homológico, y recordaré en primer lugar aquello que, por trabajos recientes hasta aquí precisamente, y hasta por retractación del autor designado como estructuralista, ha sido perfectamente puesto en evidencia —y no muy lejos de aquí— en un comentario de Marx.

\29/ La cuestión es planteada por el autor que acabo de evocar, con respecto a lo que es el objeto del capital, Veremos lo que, paralelamente, la investigación psicoanalítica permite enunciar sobre ese punto.

\30/ Marx parte de la función del mercado. Su novedad es el lugar donde él sitúa el trabajo. No es porque el trabajo sea nuevo que se posibilita su descubrimiento, es por que él es comprado, es porque existe un mercado del trabajo. Es eso lo que le permite demostrar lo que hay de inaugural en su discurso y que se llama la plusvalía.

\31/  El encuentra que esta marcha (demarche) sugiere el acto revolucionario que se conoce —más bien que se conoce demasiado mal— pues no es seguro que la toma del poder haya resuelto lo que yo llamaría la subversión del sujeto capitalista, que es alcanzada  por este acto.

\32/  Pero por el momento, poco nos importa. No es seguro que los marxistas no hayan tenido que recoger, por ese hecho, bastantes consecuencias poco fastas. Lo importante es que Marx designa lo que quiere decir se marcha (demarche) .

\33/ Tanto que sus comentarios sean estructuralistas o no, parece, sin embargo haber demostrado que él es estructuralista. Pues, precisamente, es por el hecho de ser en ese punto —como ser de pensamiento— que determina la predominancia del mercado del trabajo, y se desprende así como causa de su pensamiento, esta función obscura —es necesario decirlo, si esta obscuridad se reconoció en la confusión de los comentarios—  que es la plusvalía.

\34/ La identidad del discurso con sus condiciones —he ahí lo que yo espero— encontrará esclarecimiento por lo que diré de la marcha (demarche)  analítica. No por que el trabajo haya sido algo nuevo en la producción de la mercadería, no por la renuncia al goce, cuya relación al trabajo no voy a definir aquí, ello no es novedad en tanto que, desde el principio, y precisamente contrario a lo que dice o parece decir Hegel, es aquél quien constituye al amo que espera hacer, precisamente de él, el principio de su poder.

\35/ Lo que es nuevo es que haya un discurso que articula esta renuncia y que hace aparecer allí —pues allí esta la esencia del discurso analítico— lo que yo llamaría la función del "plus de gozar".

O que é novo é que haja um discurso que articula a renúncia ao gozo e que faz aparecer, nessa renúncia, o que eu chamaria de função do mais gozar.

Assim como o mercado do trabalho (a compra e venda de trabalho) articula a renúncia ao gozo, e faz aparecer a mais-valia.

\36/ Esta función aparece por el hecho del discurso, por lo que ella demuestra ser, en la renuncia al goce, un efecto del discurso mismo.

\37/ Para marcar las cosas es necesario suponer que en el campo del Otro existe ese mercado, si ustedes lo quieren que totaliza sus méritos, sus valores, la organización de las elecciónes, de las preferencias, que implica una estructura ordinal, hasta cardinal. El discurso conserva los medios de gozar en tanto que implica al sujeto. No habría ninguna razón de sujeto, en el sentido en que puede decirse razón de Estado, si no hubiera en el mercado del otro, un correlativo. Es que se establece un plus de gozar que es captado por algunos.

\38/ Es necesario un discurso bastante potente para demostrar como el plus de gozar sostiene la enunciación, pues es producido por el discurso para que aparezca como efecto. Pero por otra parte no hay allí algo tan nuevo a vuestras orejas si han leído "Kant con Sade", pues éste es el objeto de mi escrito, donde se hace la demostración de la total reducción de ese plus de gozar al acto de aplicar sobre el sujeto lo que es el término a del fantasma, por el cual el sujeto puede ser planteado como causa de sí, en el deseo.

\39/ Elaboraré esto en tiempos venideros por un rodeo sobre esa apuesta de Pascal, que ilustra tan bien la relación de la renuncia al goce, a ese elemento de apuesta donde la vida misma, en su totalidad, se reduce a un elemento de valor. Extraño modo de inaugurar el mercado del goce, hacerlo, digo bien, en el campo del discurso. Pero, después de todo, ¿no es esa una simple transición con lo que hemos visto inscribirse hace un momento en la historia, en esta función de los bienes dedicados a los muertos?

\40/ Por otra parte, no está allí lo que para nosotros está en cuestión, ahora. Debemos atender a la teoría en tanto ella se aligera, precisamente, por la introducción de esta función que es la del plus de gozar. Alrededor del plus de gozar se juega la producción de un objeto esencial cuya función se trata ahora de definir: el objeto a. =[A produção de mais valia equivale à produção do objeto a?]

\41/ La rudeza de los ecos que ha recogido la introducción de ese término es y permanece siendo para mi la garantía de que él es, en efecto, precisamente, del orden de eficacia que le confiero. Dicho de otro modo, es conocido, ubicado y célebre, el pasaje  donde Marx saborea, en los tiempos en que él ponía en el desarrollo de su teoría, la ocasión de ver nadar lo que era la encarnación viviente del desconocimiento.

\42/ Yo he enunciado: el significante es lo que representa a un sujeto para otro significante. Para ésta, como para toda definición  le es exigible ser correcta. Es exigible que una definición sea correcta y que una enseñanza sea rigurosa. Es enteramente intolerable en el momento en que el psicoanálisis es llamado a dar algo, lo cual no crean que tengo la intención de eludir: en la crisis que atraviesa la relación del estudiante con la Universidad, es impensable que se responda por el enunciado de que hay cosas que no podrían, ningún modo, definirse en un saber. Si el psicoanálisis no puede enunciarse como un saber y enseñarse como tal, no tiene estrictamente nada que hacer allí donde no se trata de otra cosa. Si el mercado de los saberes esta precisamente agitado por el hecho que la ciencia le aporta esa unidad de valor que permite sondear lo que pertenece a su intercambio, hasta a sus funciones más radicales, no es cierto que lo que puede aquí articular algo de eso, a saber, el psicoanálisis, tenga que presentar su propia dimisión.

\43/ Todos los términos que pueden ser empleados a ese propósito, ya sean los de  "no conceptualización" o cualquier otra evocación de no se que imposibilidad, no pueden designar en todo caso más que la incapacidad de quienes los promueven. No es por la razón de que no hay ninguna intervención particular llamada interpretación, donde puede residir la estrategia con la verdad que es la esencia de la terapéutica —punto donde seguramente toda suerte de funciones particulares, de juegos felices en el orden de la variable pueden encontrar su oportunidad, pero no tienen sentido más que situándose en el punto preciso donde la teoría les da su peso.

\44/ He ahí, precisamente, de lo que se trata. Es en el discurso sobre la función de la renuncia al goce donde se introduce el término del objeto a. El plus de gozar como función de esta renuncia bajo el efecto del discurso; he allí lo que da su lugar al objeto a en el mercado, a saber en lo que define algún objeto del trabajo humano como mercadería, así cada objeto lleva en sí mismo algo de la plusvalía, así  el plus de gozar es lo que permite el aislamiento de la función del objeto a.

Parte 3

\45/ ¿Qué hacemos nosotros en el análisis sino instaurar por la regla, un discurso tal, que el sujeto suspende algo allí? ¿Qué?  Lo que precisamente es su función de sujeto, es decir, ser dispensado de sostener su discurso de un "yo digo", pues es otra cosa hablar que plantear "yo digo lo que acabo de enunciar". El sujeto del enunciado dice: "yo digo", dice "yo planteo" como yo hago aquí con mi enseñanza. Yo articulo esta palabra; esto no es poesía, Digo lo que está escrito y hasta puedo repetirlo, lo que es esencial, bajo la forma en que, repitiéndolo —para decirlo todo— agrego que lo he escrito.

\46/ He ahí a ese sujeto dispensado de sostener lo que enuncia. Es pues, por allí que arribará a esa pureza de la palabra, esa palabra plena de la cual he hablado en un tiempo de evangelización,  es  necesario decirlo, pues el discurso que se llama "Discurso de Roma" ¿a quién estaba dirigido, más que a orejas de las más cerradas para escucharlo? No calificaré lo que hacía a esas orejas estar provistas de esas cualidades opacas ; eso sería llevar allí una apreciación que no podría ser, de ningún modo, más que ofensiva.

\47/ Pero observen esto: que hablando de la cosa freudiana me ha ocurrido lanzarme en algo que yo mismo he llamado una prosopopeya. Se trata de la verdad que enuncia : "Soy, pues, para vosotros el enigma de aquélla que se oculta inmediatamente que aparece ; hombres que tanto entienden disimularme bajo los oropeles de vuestras conveniencias, yo no admito menos por ello. que vuestro embarazo sea sincero". Noto que el término embarazo (embarras) ha sido puntuado por su función en otra parte." Pues aún cuando fueran mis heraldos no valen más por llevar mis colores, que esos hábitos que son los vuestros, y parecidos a ustedes mismos, los fantasmas que son. ¿Dónde voy a transcurrir yo entre vosotros, donde estaba yo antes de ese pasaje? Quizás, un día os lo diré."

\48/ Se trata allí del discurso. "Pero para que ustedes me encuentren donde estoy, les enseñaré bajo que signo reconocerme. Hombres, escuchad, os doy el secreto : Yo, la verdad hablo"  (Moi, la verité je parle).

\49/ No he escrito de ningún modo "Yo digo"  (Je dis) . Lo que habla, seguramente, si ocurriera —como lo he escrito irónicamente también— el análisis, bien entendido, sería cerrado. Pero es, precisamente o lo que no ocurre, o lo que cuando ocurre, merece ser puntuado de un modo diferente.

\50/ Y, para ello, es necesario retomar lo que se refiere a ese sujeto cuestionado aquí, por un procedimiento de artificio, el cual ha sido demandado, en efecto, a no ser aquel que sostiene todo lo que está anticipado. No hay que creer, sin embargo, que él se disipa, pues el psicoanalista está precisamente allí para representarlo, quiero decir mantenerlo todo el tiempo que él no pueda, en efecto, reencontrarse en cuanto a la causa de su discurso.

\51/ Y es así que se trata ahora de referirse a las fórmulas fundamentales, a saber aquélla que define el significante como siendo lo que representa un sujeto para otro significante.

\52/ ¿Qué es lo que quiere decir esto? Estoy sorprendido que nunca nadie haya destacado al respecto que lo que resulta de ello como corolario, es que un significante no podría representarse a sí mismo. Con seguridad esto no es nuevo ya, pues en lo que he articulado alrededor de la repetición, era precisamente de eso de lo que se trataba.

\53/ Pero allí debemos detenernos un instante para aprehenderlo en vivo. ¿Qué es lo que puede querer decir, en el desvío de esta frase, ese sí mismo del significante? Observen bien que cuando hablo del significante, hablo de algo opaco. Cuando digo que es necesario definir el significante como lo que representa un sujeto para otro significante, eso quiere decir que nadie podría hacerlo  salvo otro significante. Y el otro significante, eso no tiene cabeza, es un significante. El sujeto está allí  sofocado, borrado inmediatamente al mismo tiempo que aparecido.

\54/ Se trata justamente de ver por qué  algo de ese sujeto que desaparece como ser surgiente, producido por un significante para inmediatamente apagarse en un otro, como en alguna parte, ese algo puede constituirse y puede, en el límite, hacerse tomar al fin, por una Selbst-Bewutssein por algo que se satisface por ser idéntico a sí mismo.

\55/ Pues, precisamente, lo que quiere decir esto, es que el significante bajo cualquier forma que sea que se produzca, en su presencia de sujeto, bien entendido, no podría reunirse en representante de significante sin que se produzca esta pérdida de identidad que se llama —hablando propiamente— el objeto a.

\56/ Esto es lo que designa la teoría de Freud en lo concerniente a la repetición, mediante la cual nada es identificable a ese algo que es el recurso al Goce (Jouissanse), en el cual, por la virtud del signo, algo distinto viene a su lugar; es decir, el trazo que la marca no puede producirla sin que un objeto se haya perdido allí.

\57/ Un sujeto es lo que puede ser representado por un significante para otro significante. Pero, ¿no hay allí algo calcado sobre el hecho que, valor de cambio, el sujeto del cual se trata, en lo que Marx descifra —a saber, la realidad económica— el sujeto del valor de cambio está representado cerca de qué? Del valor de uso. Y es en esta falla que se produce, que cae, lo que se llama la plusvalía. A nuestro nivel no cuenta más que esta pérdida. No idéntico. En adelante, a sí mismo, el sujeto ciertamente no goza mas, pero lo llamado el plus de gozar está perdido. Esto es estrictamente correlativo a la entrada en juego de lo que desde entonces determina todo lo que se refiere al pensamiento.

\58/ Y, en el síntoma, ¿de qué se trata?  De otro, a saber, de la mayor o menor facilidad de la marcha alrededor de ese algo, que el sujeto es incapaz de nombrar, pero sin el giro de lo cuál él no podría ni proceder en lo que fuera, que no tuviera realmente que ver con las relaciones con sus semejantes, con su relación más profunda, con la relación llamada vital y para la cual las referencias, las configuraciones económicas son, caso contrario, más propicias que aquellas lejanas —aunque seguramente no enteramente impropias— que en la ocasión son las que se ofrecían a Freud:  las de la termodinámica.

\59/ He ahí, pues, el medio, el elemento que puede permitirnos avanzar en lo que se trata y concierne al discurso analítico.

\60/ Si hemos planteado teóricamente a priori y sin ninguna duda, sin haber tenido necesidad de un largo recurso, para constituir esas premisas, si se trata  en la definición del sujeto, como causado por la relación intersignificante, de algo que, de algún modo, nos impide aprehenderlo nunca, he ahí también  la ocasión de darse cuenta de lo que le da esta unidad —digámosla provisoriamente— preconsciente, no inconsciente, que es la que ha permitido hasta el presente el sostener el sujeto en su pretendida suficiencia. Lejos que él sea suficiente, es alrededor de la formula $<>a, esto es a saber, es alrededor del ser del a,  alrededor del plus de gozar que se constituye la relación que nos permite hasta un cierto punto ver hacerse esta soldadura, esta precipitación, este gel que hace que podamos unificar un sujeto como sujeto de todo um discurso.

\61/ Haré en la ocasión, en el pizarrón, algo que figura de un cierto modo aquello de lo que se trata:

 

S 1      à  S 2

$       

 


       

S 3 <> a

 

\62/ He ahí lo que ocurre con la relación de un significante a otro significante, a saber, que es el sujeto quien se representa allí, quien nunca lo sabrá. De ahí que, un significante cualquiera, en la cadena puede ser puesto en relación con lo que no es, sin embargo, más que un objeto, a saber, lo que se fabrica en esa relación al plus de gozar, en ese algo que se encuentra por apertura del juego del organismo, pudiendo tomar figura de esas entidades evanescentes —de las cuales ya he dado la lista— que van del ceño a la deyección y de la voz a la mirada, fabricación del discurso de la renuncia al goce.

\63/ El resorte de esta fabricación es que, alrededor de ellos puede producirse el plus de gozar. Que seguramente si ya les he dicho, a propósito de la apuesta de Pascal, que no había más que una vida que apostar a ganar más allá de la muerte, que bien valdría que trabajásemos en ella suficiente, para saber como conducirnos en la otra.

\64/ Es en el trabajo y en su intercambio de apuestas con algo, cuando sabemos que vale la pena encontrar el resorte de eso. En el fondo mismo de la idea que Pascal maneja, parecería —con la extraordinaria ceguera de aquel que está, él mismo, al comienzo de un período de desencadenamiento de la función del mercado —que ellas son correlativas. Si él ha introducido el discurso científico, no olvidemos que es también aquél que quería en los momentos más extremos de su retiro y de su conversión, inaugurar en París una compañía de ómnibus parisinos. Si ese Pascal no sabe lo que dice cuando habla de una vida feliz, es porque tenemos allí con él la encarnación; ¿qué otra bajo el termino de  "feliz" es aprehensible sino precisamente  esta función  que se encarna en el  plus de gozar? .

\65/ Y por otra parte, no tenemos necesidad de apostar sobre el más allá  para saber lo que de él  vale allí  donde el plus de gozar se devela bajo una forma desnuda. Eso tiene un nombre: se llama la perversión.Y es precisamente por ello que, a santa mujer hijos perversos (fils pervers). Ninguna necesidad del más allá  para ver lo que ocurre en la transmisión del uno al otro en un juego del  esencial discurso.

\66/ He ahí pues abierta la figura, el esquema:

 

   $        $ <>  ($ <> ($ <> a))

  a                   a

 

 

 

de lo que permite concebir como es alrededor del fantasma, a saber  la relación de la reiteración del significante que representa al sujeto en relación a sí mismo,  que se juega lo que se refiere a la producción del a. Pero inversamente, por ese hecho, su relación toma consistencia y es por ello que se produce aquí algo que no es más sujeto ni objeto, sino lo que se llama fantasma. Desde ese momento los otros significantes pueden encadenarse, articularse y al mismo tiempo, helarse en el efecto de significación, introduciendo este efecto de metonimia que hace que el sujeto, cualquiera que sea, esté en la frase al nivel del niño,  al nivel del " pa" (pa) al nivel del "se" (on); algo equivalente suelda a ese sujeto y lo hace ese ser solidario del cual, en el discurso, tenemos la debilidad de dar la imagen como siendo omnivalente, como si pudiera haber allí un sujeto de todos los significantes.

\67/ Si algo, a partir de la regla analítica puede ser relajado en esta cadena suficientemente para que se produzca en ella efectos renovadores, ¿qué sentido, qué acento debemos darle para que esto tenga un alcance?

\68/ El ideal, sin duda, es ese " Yo hablo"  mítico que hará, en la experiencia analítica, efecto, imagen de aparición de la verdad.

\69/ Es aquí, precisamente, que se trata de comprender que esta verdad emitida está allí suspendida, tomada entre dos registros que son lo que precisamente he planteado como los mojones en los dos términos que figuran en el título de mi seminario de este año. Pues este "o bien" se refiere al campo donde el discurso del sujeto tomaría consistencia; es decir, al campo del Otro que es aquel que definido como ese lugar donde todo discurso, al menos se plantea, para poder ofrecerse en lo que es o no su refutación bajo la forma más simple que él puede demostrarse.

\70/ Me excusarán de no tener tiempo de hacerlo hoy; el problema de saber si es o no un Dios  quien garantiza el campo de la verdad, como para Descartes, está totalmente desplazado. Nos basta que pueda demostrarse que, en el campo del Otro no ha y posibilidad de entera consistencia del discurso y espero poder, la próxima vez, poder articularlo, precisamente, en función de la existencia del sujeto.

\71/ Lo he escrito alguna vez muy rápidamente el pizarrón. Esta es una demostración muy fácil de encontrar en el primer capítulo de lo que se llama la teoría de los conjuntos, sería necesario aún —para una parte de las orejas que están aquí— mostrar en qué es pertinente introducir en la alucinación (elucidação) de la función de un discurso como el nuestro, a nosotros analistas, alguna función extraída de una lógica, de la cual sería enteramente un error creer que es un modo de excluirla del vecino anfiteatro, el llamarla lógica matemática.

\72/ Si en ninguna parte del Otro puede ser asegurada la consistencia de lo que se llama verdad  ¿dónde, pues está ella, sino en lo que de ella responde esta función del a?. Por otra parte,  ¿no he emitido ya en alguna otra ocasión, lo que se refiere al grito de la verdad? He escrito: " yo la verdad hablo" . Yo soy pura articulación emitida para vuestro embarazo. Allí está, para emocionarnos, lo que puede decir la verdad; pero lo que dice  aquél que está padeciendo (en souffrance) para ser esta verdad, aquél debe saber que su grito no es más que grito mudo, grito en el vacío, —grito que ya en un tiempo he ilustrado con el célebre grabado de Munch— porque a ese nivel ninguna otra cosa puede responderle en el Otro, más que eso que hace su consistencia y en su fe ingenua en lo que él es como yo (moi), esto es, a saber, eso que se refiere al verdadero soporte, a saber, su fabricación como objeto a. Frente a él, no hay nada más que aquél, uno más en medio de tantos otros y no puede de ningún modo responder a ese grito de la verdad, sino porque es precisamente su equivalente, el no goce, la miseria, la angustia y la soledad. Es la contrapartida de ese a, de ese plus de gozar que hace la coherencia del sujeto, en tanto que yo (moi).

\73/ No hay otra cosa por hoy, salvo que pretender dejarlos sobre algo que hace sonreír un poco más: el que retome las palabras que, en el Eclesiastés dice un viejo rey que no ve la contradicción entre ser el rey de la sabiduría y poseer un harén, quien le dice: "todo es vanidad, sin duda, goza de la mujer que amas" . Es decir : haz anillo de ese agujero, de ese vacío que esta en el centro de tu ser. No existe prójimo si no es ese agujero mismo que esta en ti. Es el vacío de ti mismo. Pero en esa relación, seguramente sólo garantizada por la figura que permite a Freud, sin duda sostenerse a través de todo ese camino peligroso y permitirnos esclarecer las relaciones que, sin ese mito, no nos habrían sido de otro modo soportables. La ley divina que deja en su entera primitividad ese goce entre el hombre y la mujer, de la cual es necesario decir: dadle lo que tu no tienes,. en tanto que lo que puede unirte a ella es sólo un goce.

\74/ Es en ese punto que al modo de un simple, total y religioso enigma que no es apropiado más que en la cábala, les diré hoy, quitus.

 

 

S16-02 de 20 de novembro de 1968

\01/ La última vez, que era una primera, he hecho referencia a Marx. Es una relación que en un primer tiempo he presentado como homológica — con todo lo que ese término comporta de reservas— introduje al lado de la plusvalía, lo que se llama en  la lengua original,  no donde esa noción fue seguramente nombrada por primera vez, sino donde fue descubierta en su función esencial: Mehrwert. Lo he escrito, pues Dios sabe lo que ocurriría si lo pronunciara ante quienes tengo aquí como auditorio y especialmente ante psicoanalistas cuando ellos se reclutan entre lo que se llama ser por naturaleza o por herencia, los agentes dobles. Inmediatamente se me dirá  que es la "madre verde", y que yo vuelvo a caer en senderos frecuentados. Es con eso que mi "Ello habla" se reintegra al deseo, así llamado, obstinado, del sujeto, de reencontrarse bien al calor del vientre materno; a esta plusvalía,  he colgado, superpuesto, enduído [enduire = cobrir]  en su anverso la noción de plus de gozar. Eso es llamado así en la lengua original, se dijo la última vez, por primera vez en francés. Para llevarla a la lengua de donde me vino la inspiración, la llamaría —a menos que algún germanista en esta asamblea se oponga— Mehrlust.

\02/ Con seguridad, no he producido esta operación sin hacer referencia discreta —del modo que se me ocurre hacerlo algunas veces— alusiva a aquél, por que no, que me ha inducido en las búsquedas y el pensamiento, a saber,  a Althusser.

\03/ Naturalmente, según el uso, en las horas que sigan,  eso habrá hecho pia-pia en los cafés donde se reúnen —y eso me halaga, hasta me colma— para discutir el cabo de grasa  (le bout de gras), sobre lo que se ha dicho aquí.

\04/ En verdad, lo que puede decirse en esta ocasión —y que no deniego, en tanto es sobre ese plano que he introducido mi charla de la última vez, o sea ese factor "poubellicatoire", como quieran llamarlo del estructuralismo —es que hecho alusión, precisamente, al hecho que en los últimos ecos, Althusser no se encontraba allí tan a gusto. Recordé simplemente, que a cualquiera que se hubiera consagrado al estructuralismo, o renegado de él, le parecería, a quien lo lee, que su discurso ha hecho de Marx un estructuralista y es muy precisamente en eso que él subraya su seriedad.

\05/ Es a aquel punto donde querría volver, en tanto que al fin lo que indico, es que se erraría en ver, con cualquier humor que fuera, adhesión a una bandera —lo cual es aquí esencial— a saber que, como ya lo he subrayado en otras ocasiones, lo que he anunciado, al menos para mí, cuando se trata de la estructura —ya lo he dicho— debe ser tomado en el sentido de lo que es lo más real, lo real mismo.

\06/ Y cuando dije, en un tiempo en que aquí en el pizarrón dibujaba, hasta manipulaba algunos de esos esquemas con los cuales se ilustra lo que se llama la topología, yo subrayaba ya, que allí no se trata de ninguna metáfora. Dos cosas, una: o aquello de lo que hablamos no tiene ninguna especie de existencia o, si el sujeto tiene una, la entiendo tal como nosotros la articulamos y está exactamente hecha así, a saber, está hecha exactamente como esas cosas que yo escribía en el pizarrón, a condición —bien entendido— que sepan que esta pequeña imagen que es, en efecto, todo lo que se puede poner para representarla sobre una página, evidentemente no está allí más que para figurarles ciertas conexiones que son las que no pueden imaginarse, pero que pueden, por el contrario, escribirse perfectamente bien.

\07/ La estructura es, entonces, real. =[A estrutura é real.] Eso se determina por convergencia hacia una imposibilidad, en general. Pero es así, y es por eso que es real.

\08/ Entonces no habría casi necesidad de hablar de la estructura. Si aquí yo hablo hoy de la estructura es porque se me ha forzado a ello, a causa de los pia-pia en los cafés. Pero yo no debería tener necesidad de hablar de ella, en tanto yo la digo.

\09/ Lo que yo digo plantea la estructura, porque eso apunta —como lo he dicho la última vez— a la causa del discurso mismo. Implícitamente y como todo y cada uno que enseña al querer llenar esta función-desafío, en principio, que se me refute por medio de un discurso, que motive el discurso de otro modo que el que acabo de decir —lo repito para los sordos, esto es, a saber: que a lo que eso apunta es a la causa del discurso mismo.

\10/ Que alguien motive el discurso de otro modo, como expresión o con relación a un contenido para el cual se ha inventado la forma, él está libre de (libre á lui). Pero destaco entonces que es impensable, en esta posición, que ustedes inscriban allí, bajo cualquier título que fuera, la práctica del psicoanálisis, aún como charlatanismo.

\11/ Entiendan que la pregunta que aquí indico es la de saber si el psicoanálisis existe. Es eso precisamente lo que está en juego.

\12/ Pero, por otra parte, hay algo por lo cual él se afirma indiscutiblemente. Es el síntoma del punto del tiempo al cual hemos arribado, digamos con esa palabra provisoria, que yo llamaría la civilización, esto no es por exagerar. No estoy en vías de hablar de la cultura. Es más basta. Por otra parte es una cuestión de convención.

\13/ Trataremos de situar a la cultura en el uso actual que se hace de ese término, en un cierto nivel que llamaremos comercial. =[Cultura = Consumo].

\14/ Retornemos a mi discurso. Para emplear una metáfora, que me ha ocurrido emplear varias veces para hacer sentir lo que entiendo por un discurso que valga, lo comparará a una marca de cincel en esta materia de la cual hablo, cuando de lo real del sujeto. Esa marca de cincel se revela en eso que se llama la estructura, por el modo en ello cae, en lo que ella es. Si se pasa la marca de cincel a alguna parte, las relaciones cambian de tal modo que lo que no se veía antes, se ve después. 

\15/ Es lo que he ilustrado diciendo que eso no es la metáfora, recordándoles que la marca del cincel, en la banda de Moebius, hace una banda que no tiene nada más que hacer con lo que era precedentemente y que, para hacer el paso siguiente, hasta se puede decir que, en sí misma, es toda la banda. Entiendo que ella es en la medida que es la banda de Moebius.

\16/ He ahí un medio de hablar de la menor metáfora. Dicho de otro modo, —como principio, llámenle o no estructuralismo— digamos que no vale la pena hablar de otra cosa que de lo real, en lo cual es discurso mismo tiene consecuencias. Llámenle o no a eso estructuralismo; es lo que he llamado la última vez, la condición de lo serio.

\17/ Esta condición es particularmente exigible en una técnica cuya pretensión es que el discurso tenga allí consecuencias, en tanto que el paciente no se somete de un modo artificialmente definido a un cierto discurso reglado, más que por el hecho de que tenga consecuencias.

\18/ Nada previene contra esas distinciones —ni siquiera aquéllas que se ven exhibiéndose en librejos cuyo texto, está por otra parte, raído por ese mismo discurso— para decir, por ejemplo, que descuido la dimensión energética.

\19/ Yo dejo pasar trucos como ese. Los dejo pasar cuando se trata de respuestas polémicas. Pero allí vemos lo vivo del asunto en tanto que, como lo he destacado la última vez, en esta referencia exaltante, sobre todo para aquéllos que ignoran hasta lo que la energética quiere decir, he substituido una referencia que, para el tiempo que corre, haríamos mal en sugerir que es menos materialista: una referencia a la economía política.

\20/ Pero no desdeñemos la energética en la ocasión. Para que ella se refiera a nuestro campo, si ponemos en aplicación lo que acabo de decir, sería necesario que el discurso tuviera consecuencias allí.

\21/ Precisamente, las tiene. Hablo de la verdadera energética, de donde ella se sitúa en la ciencia de la física. Yo mismo, en un tiempo, mucho antes que se publicaran objeciones risibles expuestas en cursos que los interesados han podido perfectamente escuchar, en tanto hacía uso de ellos luego, en sus propias conferencias. He subrayado, precisamente que la energética no es convenible más que como consecuencia del discurso. No se trata que no este claro porque pertenezca a la física, porque sin localización significante de cotas y niveles por relación a las cuales pueda estimarse, evaluarse, la función inicial del trabajo —entendido en el sentido de la física— sin esta localización, no existe aún la probabilidad de comenzar a formular lo que se llama principio de toda energética —en el sentido literal de ese término— es decir, la referencia a una constante que es precisamente o que se llama la energía, en relación con un sistema cerrado, que es otra hipótesis esencial. Con ella se puede hacer una física y que funcione, es precisamente la prueba de lo que se refiera a un discurso teniendo consecuencias.

\22/ Eso implica, al mismo tiempo que la física implica la existencia de un físico y que, es más, no importa cual sea. Un físico que posea un discurso correcto en el sentido en que acabo de articularlo, es decir un discurso que valga la pena de ser dicho y que no sea sólo un aleteo del corazón; esto es lo que llega a ser la energética cuando se la aplica a un uso tan delirante y brumoso como el que se hace de noción del libido, donde se ve lo que se llama una "pulsión de vida".

\23/ Brevemente, decir que la física no va sin el físico no es espero que no se encuentre aquí ningún entendimiento para formular su objeción, lo que sería bastante bufonesco en el interior de lo que acabo de enunciar —un postulado idealista, pues estoy en vías de decir, que es el discurso de la física el que determina al físico, y no lo contrario, es decir que no ha habido nunca físico verdadero hasta que ese discurso lo hace prevalecer.

\24/ Tal es el sentido que yo doy al discurso admisible, en lo que se llama la ciencia.

\25/ Sólo, irresistiblemente uno se imagina que el argumento realista es el de hacer alusión a que nosotros estemos allí o no, nosotros y nuestra ciencia, como si nuestra ciencia fuera nuestra y si nosotros estuviéramos determinados por ella; la naturaleza, se dice, está siempre allí. No lo discuto en absoluto. Es por ello que la física vale aunque se diga cualquier cosa de ella y que el discurso tiene allí consecuencias es porque la física se distingue de la naturaleza en tanto la naturaleza está allí. En la naturaleza, como todos saben —y es precisamente por lo que se la ama tanto— ningún discurso tiene ninguna consecuencia. Esto es lo que diferencia a la naturaleza de la física. Nunca ha ocurrido, en ninguna época ser filósofo de la naturaleza a partir de un certificado de materialismo o cientificidad, por ejemplo.

\26/ Pero retomemos, pues no es allí donde estamos nosotros. Si la física nos otorga, precisamente, un modelo de un discurso que vale, las necesidades del nuestro deben retomarse de más arriba.

\27/ Todo discurso se presenta como lleno de consecuencias, pero oscuras. Nada de lo que digamos, en principio, lo es sin implicarlo. Por otra parte, no sabemos cuales son las consecuencias.

\28/ Destacamos en el lenguaje —pues al nivel del lenguaje es que retomaré las cosas, y para marcar bien los límites— una sintaxis tal que la encarnan un gran número de lenguas que, falta de audacia, se llaman lenguas positivas. En tanto yo estoy allí, y acabo de hacerles una distinción que. pienso, no puede haberles parecido sin pertinencia a la naturaleza, ¿por qué molestarnos y no llamarlas lenguas naturales? Así se verá mejor lo que concierne a la lingüística y lo que permite situarla en el campo de la ciencia.

\29/  Está enteramente claro que, frente al lenguaje y ante cualquier prevalencia que le demos es, porque se lo olvida como realidad natural, que todo discurso científico sobre la lengua se presenta por reducción de su material. Se valoriza un funcionamiento donde se aprehenden consecuencias con sus variedades, por ejemplo, de lo necesario o de lo contingente.

\30/ Se opera pues, un clivaje discursivo, y esto es lo que permite dar todo su precio a lo que, en primer lugar afirmo: que no existe metalenguaje. Lo que es verdad en el campo del lenguaje natural. Pero desde que se opera esa reducción del material, ¿por qué es? Acabo de decírselos: es para valorizar un funcionamiento donde se aprehenden esas consecuencias y desde que ustedes satisfacen esas consecuencias las articulan en algo al cual tienen todo el derecho de considerar metalenguaje, aunque ese "meta" no provoque más que confusión y es por ello que yo preferiría nombrar a eso que hago surgir —el desprendimiento en el discurso— que es precisamente necesario llamar por su nombre: lógica. No indico aquí nada mas, siempre condicionado no por otra cosa que por una reducción de material. E ilustro aquí  lo que quiero decir.

\31/ Reducción de material. Eso quiere decir que la lógica comienza en esa fecha precisa en la historia, donde alguien que  entiende allí —para ciertos elementos del lenguaje funcionando en su sintaxis natural— inaugura la lógica sustituyendo a algunos de esos elementos del lenguaje por una simple letra.

\32/ Es a partir del momento en que "si esto, entonces aquello", que la lógica comienza. Ustedes introducen un A y un B y es sólo a partir de allí que, en el lenguaje, pueden, sobre el uso de esa A y de esa B, plantear un cierto número de axiomas y leyes de la discusión, que merecerán el título de articulaciones meta, o si prefieren para-lenguájicas.

\33/ Entonces, no más física que se extienda, como la bondad de Dios a toda la naturaleza, no más lógica que encierre todo el lenguaje.

\34/ No resta menos, como lo he dicho, que, o esto es delirio, locura absurda de detenerse un instante —ésta es, en efecto toda la apariencia que se de  ello en las publicaciones, la mayor parte en el psicoanálisis— o bien, lo que ella enuncia, es que todo lo que ustedes hayan escuchado hasta aquí, en tanto que sintiendo —yo no he dicho sólo en tanto que pensando— aún que, después de todo, no hay lugar para tener ninguna repugnancia frente a ese término. El hecho de pensar sería el privilegio de los intelectuales intelectualistas que, como todos saben, son  el veneno de este bajo mundo, y de este bajo mundo psicoanalítico, y bien entendido, todo lo que ustedes sean en tanto que sintiendo cae bajo el golpe de las consecuencias del discurso. Aún vuestra muerte, entiendo al idea chistosa que puedan tener de ello, no es separable de que puedan decirla y entiendo allí no decirla ingenuamente; aún la idea que he llamado chistosa porque, en efecto, ella no tiene para ustedes gran peso, la idea que ustedes se hagan de vuestra muerte, no es separable del discurso máximo que puedan tramar a su propósito. Es precisamente por eso que el sentimiento que tenga de  ello es sólo chistoso.

\35/ Yo hasta diría, que ingenuamente ustedes no pueden ni comenzar a decirla. Pues a lo que aquí hago alusión no enteramente al hecho que los primitivos sean ingenuos y que sea por ello que hablan tan divertidos de eso.

\36/ Que entre ellos sea siempre un truco, un envenenamiento, una suerte echada, una cosa que no va a ninguna parte, para decirlo todo, un accidente, eso no prueba del todo que ellos hablan ingenuamente de eso. ¡Si ustedes encuentran que esto es ingenuo! Es precisamente lo contrario.

\37/ Pero es precisamente por eso que, también ellos mismos caen bajo esta ley. El sentimiento que tengan de su muerte no es separable de lo que puedan decir de ella. Eso es necesario demostrarlo.

\38/ Así hay una persona entre aquéllas que podrían aquí instruirse un poco, diminuir su parloteo, que hace un momento ha salido porque encuentra, sin duda, que digo banalidades. Es necesario creer que es necesario que sean dichas. Sin ello, ¿por qué me esforzaría, después de todo, en decir lo que acabo de expresar sobre el hecho de que un discurso tenga o no consecuencias? En todo caso él tuvo como consecuencia esta salida, que hace signo.

\39/ Es precisamente por ello que sería esencial que, en el  psicoanálisis, nosotros tuviéramos algunos espíritus formados en lo que yo llamo —no sé porqué— lógica matemática, así, por un viejo estorbo, como si hubiera algún otro, la lógica es muy corta. Ocurre que ella ha interesado a los matemáticos. Es todo lo que la distingue de la lógica aristotélica a la cual, evidentemente, no le interesa mucho la matemática.

\40/ Es un progreso para la lógica que ella interese a la matemática. Sí. Esta lógica matemática, para llamar las cosas por su nombre, es enteramente esencial a vuestra existencia en lo real, lo sepan ustedes o no lo sepan.

\41/ Es precisamente porque ustedes no lo saben demasiado que ocurren cosas que sacuden de tiempo en tiempo, cosas muy recientes. Se espera que yo hable de ello, pero yo hablaré de ello......¡ Hablaré de ello!   Todo depende del tiempo que ponga en desarrollar lo que he preparado para ustedes hoy  y me agradaría mucho tener una pequeña punta para darles acerca de eso, antes de dejarlos. Pero esto no es seguro, porque no es nunca muy pautado lo que les aporto.

\42/ La cuestión no está allí. Que ustedes lo sepan o que ustedes no lo sepan. La cuestión es bizarra. Es que evidentemente acabo de hacer alusión al hecho, en tanto he dicho: que ustedes lo sepan o que ustedes no lo sepan. Se ha sido siempre verdad que la lógica matemática tuviera esas consecuencias en cuanto a vuestras existencias de sujetos, de los cuales acabo de decir que están allí, lo sepan o no.

\43/ Pues entonces se plantea la pregunta: ¿cómo pudo ocurrir que la lógica que se llama matemática, no haya sido puesta al día antes? Esta es la cuestión de la existencia de Dios.

\44/ Ya he hecho destacar, pero lo repito: nunca se repetiría suficientemente la lógica matemática estaba allí en el acervo divino, antes que en vuestras existencias de sujeto y desde entonces habría estado condicionada; desde ese momento, ustedes habrían estado, de allí en más, afectados por ella.

\45/ Es un problema que tiene toda su importancia porque es alrededor de él que toma efecto esta avanzada de que un discurso tenga consecuencia. A saber, ha sido necesario algo ya contiguo a los efectos del discurso, para que nazca el de la lógica matemática. Y que, en todo caso, aún si algo pudiera representar en una existencia de sujeto algo que, retroactivamente, podemos ligar a algún efecto en esta existencia del discurso de la lógica, está enteramente claro, que deber ser firmemente sostenido que las consecuencias no son las mismas después de ese discurso —entiendo el de la lógica matemática— ha sido proferido.

\46/ Allí se sitúa lo necesario y lo contingente en el discurso efectivamente sostenido. Es precisamente allí que veo mal aquello en lo cual la referencia estructural desconocería la dimensión de la historia. Se trata simplemente de saber de cuál se habla. La historia tal como ella está incluida en el materialismo histórico, me parece estrictamente conforme a las exigencias estructurales.

\47/ La plusvalía estaba allí, antes que el trabajo abstracto. Entiendo aquel trabajo cuya abstracción se desprende en tanto que el medio social haya resultado de algo que llamaríamos —no garantizo la exactitud de la primera palabra, pero quiero decir una palabra que soporte el peso— la absolutización del mercado.

\48/ Es más que probable —y por una buena razón— es por ello que hemos introducido el plus de gozar, que esta absolutización del mercado pueda considerarse no más que como una condición para que la plusvalía aparezca en el discurso.

\49/ Ha sido pues necesario esto que difícilmente puede ser separado del desarrollo de ciertos efectos de lenguaje, a saber, la absolutización del mercado, al punto que engloba el trabajo mismo, para que la plusvalía se definiese como pagando con dinero o no —en tanto que estamos en el mercado— el trabajo, en su verdadero precio. Así es como se define el en mercado la función del valor de cambio; existe el valor no pago en lo que aparece como fruto del trabajo, en un valor de uso; en lo que el verdadero precio de ese fruto, ese trabajo, no es pago, aunque es pagado de modo justo, por relación a la consistencia del mercado. Esto, en el funcionamiento del sujeto capitalista, ese trabajo no pago, es la plusvalía.

\50/ Este es el fruto de los medios de articulación que constituye el discurso capitalista de la lógica capitalista. Sin duda, articulado así, esto entraña una reivindicación concerniente a la "frustración" del  trabajador. Esto entraña una cierta posición del trabajador, que es el caso cada vez más general.

\51/ Es extraño que una cosa entrañe la otra. He ahí lo que es necesario decir. Pues no se trata más que de consecuencias de un discurso en tanto que el trabajador, en tanto que yo (je). Aquí yo digo yo (je). Noten que no he dicho sujeto, en tanto he hablado del sujeto capitalista.

\52/ Voy lentamente porque después de todo, volveré a ello: Nos volveremos a ver —salvo, espero, los que salen en la mitad— y verán que no es por nada que allí digo "sujeto" y allí digo "yo" (je), porque eso se reencontrará en un cierto nivel y en un nivel que debería funcionar desde hace tiempo, en tanto que es el de mi grafía.

\53/ Hace más de diez años que la he construido ante un auditorio de asnos. ¡Ellos que no han encontrado donde estaba el yo (je) sobre ese grafo! Entonces, será necesario que yo se los explique. Para explicárselos es necesario que los prepare. Trabajamos. Se trata del trabajo. Esperemos que antes del final pueda decirles como se sitúa para nosotros el trabajo, en el nivel de ese discurso del enseñante.

\54/ Es extraño que eso entrañe la idea de frustración con las reivindicaciones que siguen, las pequeñas reconstrucciones que uno distingue bajo el nombre de "revolución". Es extraño, es interesante, pero no puedo hacer desde ahora más que introducirla en ese punto preciso en que articulo que esa dimensión es conflictual. Es difícil designarla de otra manera.

\55/ He dicho que era extraño, que era interesante. Eso debería al menos incitarlos a reconocerlo, Yo la designaré por esa palabra extraña, no menos interesante pero extraña, que es la palabra verdad. !La verdad no se aprehende como así! ¿no es así?.

\56/ Yo la introduje con seguridad, una vez, en su juntura con el saber, cuando traté de dibujar la topología, porque es difícil hablar de lo que sea en psicoanálisis sin introducir esta juntura. Esto muestra bien la prudencia que es necesario tener, porque Dios sabe que, a ese propósito, he recordado a los estúpidos que se fugan.

\57/ Trataremos de aproximarnos a ella un poco más de cerca y ver como la realidad capitalista no tiene tan mala relación con la ciencia. Puede funcionar así aún un cierto tiempo, según toda apariencia. Hasta diría que no se acomoda del todo mal a aquélla. He hablado de realidad, no he hablado de real. He hablado de lo que se construye sobre el sujeto capitalista. Esto es lo engendrado al nivel de la reivindicación, fundamentalmente insertado sobre el reconocimiento; si esto no es así entonces el discurso de Marx no tiene ningún sentido lo que se llama la plusvalía, que es propiamente la incidencia científica en el orden de alguna cosa, que es del orden del sujeto. Evidentemente, en ciertos niveles eso no se acomoda del todo mal con la ciencia. Se envían a las órbitas espaciales objetos enteramente bien conformados en tanto que habitables. Pero no es seguro que al nivel más próximo, aquel donde es engendrada la revolución y las formas políticas que ella engendra, algo esté enteramente resuelto sobre el plan de esta frustración, que hemos designado como estando al nivel de una verdad.

\58/ Sin duda, el trabajador es el lugar sagrado de este elemento conflictual que es la verdad del sistema, a saber, que un saber que se sostiene tanto más perfectamente que él, es idéntico a su propia percepción en el ser y se desgarra en alguna parte.

\49/ Entonces demos ese paso que nos es permitido por el hecho que se trate, sin ninguna duda, de la misma sustancia. Tratemos lo que a él se refiere de la tela estructural, y demos nuestro golpe de tijera. Se trata del saber. Esto es por relación a él. Bajo su forma científica yo acabo de apreciar lo que a él se refiere en las dos realidades que se oponen en nuestro mundo político.

\50/ El saber —aunque haya un momento haya parecido cebar con él mi discurso— no es el trabajo. Puede valer por el trabajo, alguna vez, pero puede serles dado sin él. El saber, yendo al extremo es lo que llamamos el precio. El precio, eso se encarna alguna vez en el dinero, pero también el saber vale dinero y cada vez más.¿Esto debería aclararnos el precio de qué? Está claro: el precio de la renuncia al goce, originalmente. Es por allí  que comenzamos a saber de él un pequeño cabo. No hay necesidad de trabajo para ello. No es porque el trabajo implique la renuncia al goce, que toda renuncia al goce sólo se haga por el trabajo. Una iluminación nos sobreviene, así, para que ustedes sepan retener o contener, como he hecho alusión a ello la última vez para definir el pensamiento. Un pequeño tiempo de detención.

\61/ Podrán percibir, por ejemplo, que la mujer no sólo vive de pan, sino también de vuestra castración —esto para los machos—. Después de eso ustedes conducirán más seguramente vuestra vida. Ese es un valor de uso. El saber no tiene nada que hacer con el trabajo. Pero para que algo se esclarezca en este asunto, es necesario que haya un mercado, un mercado del saber, que el saber devenga una mercadería.

\62/ Pues allí está lo que se precipita y uno no tenía idea de eso. Por lo menos se debería tener una pequeña sugestión al ver la forma que toman las cosas, al ver el aire de feria que, desde hace algún tiempo eso tomaba, por ejemplo, en la Universidad.

\63/ Hay cosas como esas de las cuales he hablado incidentalmente bajo otros ángulos. No hay propiedad intelectual, por ejemplo. Eso no quiera decir que no haya robo, hasta es así, que la propiedad comienza. Todo eso es bien complicado. Ello no comienza hasta que no se pagan las conferencias pronunciadas en el extranjero. Quiero decir que es en el extranjero que se las paga. Y he allí, que hasta en Francia eso comienza. Es a partir de ese momento que se puede discernir lo que otra vez he llamado en un círculo íntimo,"un precio-alto-el corazón" ("un prix-haut-le coeur"). Se demuestra a cualquiera en vista de esta especie de especulación.

\64/ Pero todo esto no es más que anécdota. El saber deviene mercado no enteramente por el efecto de la corrupción ni por la imbecilidad de los hombres. Comprendan, por ejemplo, que la Sorbona —esto es bien conocido— era desde hace tiempo, el lugar elegido de esta suerte de cualidad negativa, de esta suerte de debilidad. Eso se conocía en todos los extremos del campo de la historia. Ya en el momento de Rabelais había puercos.  En el momento de los Jansenistas......eso no falla nunca, están siempre del lado bueno, es decir del malo. No es eso lo nuevo. No es allí que he buscado la raíz de lo que se llama ridículamente "los acontecimientos". No hay el más mínimo acontecimiento en este asunto. Pero eso se los explicaré otra vez.

\65/ El proceso mismo por donde se unifica la ciencia, en tanto ella toma su nudo de un discurso consecuente, reduce todos los saberes a un mercado único, y esta es la referencia nodal, aquello por lo cual nos interrogamos. Es a partir de allí, que podemos concebir que hay allí algo que, en tanto que pagado a su verdadero precio de saber, según las normas que se constituyen del mercado de la ciencia, es sin embargo obtenido por nada. Eso es lo que he llamado el plus de gozar. A partir de saber —lo que no es nuevo pero no se revela más que a partir de la homogeneización de los saberes sobre el mercado— uno percibe, en fin, que el goce se ordena y puede establecerse como buscado y perverso.

\66/ ¿Qué es entonces, en esta ocasión lo que representa el malestar de la civilización, como se dice?  Es un plus de gozar obtenido de la renuncia al goce, siendo justamente respetado al principio del valor del saber. ¿El saber es un bien? Esta es la cuestión que se plantea porque su correlativo es aquel "non licet omnibus adire Corynthum" — como ya lo he dicho. En fin; no todo el mundo tiene acceso al plus de gozar.

\67/ ¿Qué es entonces este asunto, pagado o no?. Hemos visto, el trabajo, que más alto. Pero ¿de qué se trata en ese registro? Lo que ya he apuntado, hace un momento, en cuanto a lo que surge de conflictual en la función de plusvalía, nos pone sobre la vía y eso es lo que he llamado, la verdad.

\68/ El modo en que cada uno sufre en su relación al goce, en la medida en que no se inserta allí  más que por la función del plus de gozar. He ahí el síntoma y el síntoma en tanto que el aparece a partir de esto: que no hay más que una verdad social media, una verdad abstracta. He ahí que resulta que un saber es siempre pago sin duda según su verdadero precio, pero por debajo del valor de uso que esta verdad engendra; siempre para otros que aquellos que están en lo verdadero. He ahí lo que él comporta: la función del plus de gozar, de la Mehrlust. Y esta Mehrlust que se burla de nosotros, porque no se sabe precisamente donde anida.  He ahí porque  vuestra hija es muda, queridos niños. Es, a saber, porque, en Mayo eso ha tomado un giro violento. Una gran "toma de palabra" como se ha expresado alguien que tiene en mi campo un lugar no despreciable. Toma de palabra. Yo creo que uno se equivocaría en dar a esta toma una homología con la toma de una bastilla cualquiera. Preferiría una toma de tabaco o de leva. Es que era positivamente la verdad lo que se manifestaba en esa ocasión. Una verdad colectiva pero que es necesario ver en el sentido en que la huelga que no consonaba enteramente mal con esta verdad, es precisamente esta suerte de relación que suelda lo colectivo al trabajo. Hasta es lo único. Porque se cometería un error creer que un tipo que tipo que está en una cadena trabaja colectivamente. Es precisamente él quien hace el trabajo, cuando menos. En la huelga, la verdad colectiva del trabajo se manifiesta. Y lo que hemos visto en Mayo era la huelga de la verdad.

\69/ Allí  también  era evidente la relación a la verdad. La verdad se exhibía en los muros. Naturalmente es necesario recordar en aquel momento la relación que, felizmente, yo había puntuado tres meses antes, en tanto que la verdad de la boludez no existe sin plantear la cuestión de la boludez de la verdad. Hasta habría boludeces que se habrían dicho del discurso de Lacan. Eso lo reproducía así, seguramente por azar, casi textualmente. Eso tiende, evidentemente a que las cosas extraídas  de su contexto puedan ser verdades, pero ello no excluye que sean boludeces.

\70/ Es precisamente por ello que yo prefiero un discurso sin palabras. Lo extraño fue que se vieron interrogaciones apasionadas. Aquellas que surgían en el alma de lo que yo llamaría —pienso que ustedes verán perfilarse su silueta— el párroco comunista, cuya bondad no tiene límites en la naturaleza. Se puede allí  contar con recibir de él propósitos morales.  Son cosas que vienen con la edad. Había allí  alguien que yo delineo para siempre con el título de Mudger Muddle. Es un nombre que yo le doy. Es de mi invención, evoca al cocodrilo y el barro donde él se baña y el hecho que con una lágrima delicada, el les atraiga a su mundo bienhechor. Reencontré a Mudger Muddle en las calzadas de bulevar Saint-Germain. Me dijo que buscaba la teoría marxista y que estaba inundado por la dicha que todo eso respiraba. Pero no se le había ocurrido la idea que la dicha pudiera provenir de la huelga de la verdad. Con el peso que ella tiene sobre nosotros en cada momento de nuestra existencia, podemos dar cuenta de lo que es no tener con ella más que una relación colectiva.

\71/ Yo no hago ninguna depreciación por el hecho que esas verdades que se exhibían sobre los muros, algunas veces fueron boludas. Se los he dicho. Nadie destaca que ellas estén también en mi discurso. Es porque el mío provoca temor. Pero sobre los muros también provoca temor. Y es precisamente un temor sin igual. Cuando la verdad colectiva surge se sabe que todo el discurso puede  abandonar el campo. He ahí esto, es volver un poco a la fila. Pero eso incuba. Es por eso que los capitales abandonan el campo.

\72/ En tanto me he arriesgado hoy a dar mi interpretación de lo que se llaman los acontecimientos quisiera decirles: no creo sin embargo que eso detiene el proceso. Se equivocarían en no percibir que, por el momento, no es cuestión de que se detenga lo que he llamado el mercado del saber. Pero son ustedes mismos quienes tratarán de que se establezca de más un mas. La aparición en la Reforma de una noción como la del la unidad de valor, al nivel de los pequeños hipócritas que quieran discernirlo para ustedes, en fin la unidad de valor es eso, el signo de eso que el saber va a devenir de más en más en ese campo, en ese mercado que se llama la Universidad. Entonces, con seguridad, esas cosas deben ser seguidas de más cerca, para simplemente, que se localice allí lo que es bien evidente: que la verdad puede tener allí funciones espasmódicas, pero que no es enteramente eso lo que regulará para cada uno su existencia   de sujeto. 

\73/ De eso que a la verdad —se los he recordado la última vez en un texto, he sido muy gentil— le he hecho sostener los propósitos más inteligentes que podía atribuirle, los he tomado prestados de lo que digo cuando no digo la verdad.  Dicho de otro modo: ningún discurso puede decir la verdad. El discurso que se sostiene, es aquel que puede sostenerse suficiente tiempo sin que haya razón de demandarle razón de su verdad. Aguarden allí  al pie del muro, aquellos que podrán presentarse ante ustedes, diciéndoles: "El psicoanálisis, ustedes saben, lamentablemente, no se puede decir nada de él". No es el tono de lo que ustedes deben exigir si quieren dominar ese mundo con un valor que se llama el saber. Si un discurso se hurta, ustedes no tienen más que una cosa: demandarle razón de su por que. Dicho de otro modo, un discurso que no se articula por decir algo, es un discurso de vanidad. =[UM DISCURSO QUE NÃO SE ARTICULA PARA DIZER ALGO É UM DISCURSO DE VAIDADES”.]

\74/ No crean que el hecho de decir que todo es vanidad —eso sobre lo cual les he dejado la última vez— sea otra cosa aquí que un anzuelo sobre el cual, como se los he dicho, he querido dejarles partir con el alma en paz, hasta que retome ese discurso y eso que se refiere a quienes plantean el principio de una esencial vanidad de todo discurso, es allí que aquel que yo sostengo tendrá la próxima vez que ser retomado en su conjunto.

 

 

S16-03 de 27 de novembro 1968

\01/ Hemos llegado la última vez a un punto que ordena hoy, que les procure algunos  esclarecimientos que yo llamaré  topológicos.

\02/ No es cosa nueva que lo introduzca aquí, pero conviene que lo conjugue con eso que, precisamente he introducido este año, bajo esa forma que designo como la relación del saber a algo, ciertamente más misterioso, más fundamental, a algo cuyo peligro está en ser tomado en la función de un fondo, por relación al campo de una forma, en tanto se trata de otra cosa, que he llamado el goce.

\03/  El goce del cual no es suficientemente evidente que haga la sustancia de todo eso de lo cual hablamos en el psicoanálisis.

\04/ Es precisamente por allí que él no es informe; el goce tiene aquí ese alcance que nos permite introducir esta función propiamente estructural, que es la del plus de gozar. Ese plus de gozar apareció en mis últimos discursos, en función de homología por relación  a la plusvalía marxista; homología, está bien dicho y he subrayado que su relación no es de analogía. Se trata precisamente de la misma cosa. Se trata precisamente de la misma tela en tanto que de lo que se trata es del trazo de cincel del discurso. ¿Me hago entender bien?.

\05/ Si es precisamente verdad lo que está interesado aquí, en el mío —pues esa relación del plus de gozar en la plusvalía, el que sigue desde tiempo suficiente lo que yo enuncio, ve alrededor de que función gira esa relación— es la función del objeto a.

\06/ Este objeto a, si lo he inventado en algún sentido es del modo en que puede decirse que el discurso de Marx inventa —que sería decir que es su hallazgo— la plusvalía.

\07/ Esto no quiere decir, con seguridad, que no haya sido anticipado antes en mi propio discurso; es lo que se ha llamado, pero de modo francamente insuficiente, tan insuficiente como era la definición de la plusvalía antes que la haga aparecer en su rigor el discurso de Marx. Pero lo importante es plantear la cuestión de lo que nosotros podemos pensar del hecho mismo del hallazgo, si en primer lugar, yo lo defino como efecto de un discurso.

 \08/ Pues no se trata de teorías en el sentido en que ellas recubrirían algo que, en un momento dado, devendría aparente.

\09/ El objeto a es efecto del discurso analítico y como tal, lo que yo digo de él no es más que este efecto mismo. ¿Es esto decir que no es más que artificio creado por el discurso analítico? Allí está el punto que yo designo y que es consistente con el fondo de la cuestión, tal como la planteo en cuanto a la función del analista. Si el analista mismo no fuera efecto, yo diría más, ese síntoma que resulta de una cierta incidencia en la historia, implicando la transformación de la relación del saber con ese fondo enigmático del goce, de la relación del saber en tanto que él es determinante para la posición del sujeto, no habría ni discurso analítico, ni seguramente revelación de la función del objeto a. Pero la cuestión del artificio, ustedes lo ven bien, se modifica, se suspende, encuentra su mediación en ese hecho; que lo que es descubierto en un efecto de discurso, ha aparecido ya como efecto de discurso en la historia.

\10/ Que el psicoanálisis, dicho de otro modo, no aparezca como síntoma más que en la medida que un giro del saber en la historia —yo no digo de la historia del saber— más que un giro de la incidencia del saber en la historia ya concentrado allí, si pudiera decirlo para ofrecérnoslo, para poner a nuestro alcance esta función. Hablo de aquella definida por el objeto a.

\11/ Está claro, que nadie, salvo mi traductora italiana, a la cual no ofenderé  su  modestia, por el hecho que ella ha perdido el avión esta mañana y no está aquí, quien se dio cuenta demasiado bien, hace algún tiempo, de la identidad de esta función de la plusvalía y del objeto a...¿por qué no lo habrían enunciado algunas personas más, si es tan así que ello pudo hacerse y no me fue comunicado nunca? Allí está lo extraño.

\12/  Lo extraño, que seguramente, se atempera al captar sobre lo vivo —como yo hago, es mi destino— la dificultad del progreso de ese discurso analítico, la resistencia que se acrecienta a medida misma que él prosigue. Y no es singular, en tanto que tengo allí un testimonio que después de todo toma su valor, el de venir de alguien que es de una generación de las más  jóvenes, no es singular el ver, por un efecto que, seguramente, no designaré por ser el de mi discurso, sino por ser el del progreso de la dificultad creciente que se engendra, de lo que he llamado de esta absolutización del mercado del saber. He podido notar frecuentemente, cuanto más  fácil es mi intercambio con la generación que viene con aquellos que, después de todo, por una pequeña experiencia de cálculo que puedo hacer sobre la media de edad, digamos, con aquellos que tienen 24 años.

\13/ No iré a decir que a los 24 años todo el mundo es lacaniano, pero seguramente se lo es de alguna manera. Nada de lo que he podido encontrar en el tiempo, como se dice, como las dificultades para hacer entender ese discurso se producen, por lo menos no en el mismo lugar, allí donde debo atender a alguien, digo aún, no siendo psicoanalista, sólo abordan los problemas del saber bajo su ángulo más  moderno y digamos con alguna apertura sobre el dominio de la lógica.

\14/ Por otra parte en tanto es al nivel de ésta generación que uno se pone —he ya tenido ecos  de ello, frutos, resultados— a estudiar mis escritos, lo mismo que al comenzar a producir eso que se llama diplomas o tesis, brevemente, someterlos a la prueba de una transmisión universitaria, he podido recientemente, y no enteramente sorprendido por ello, constatar, seguramente la dificultad que tienen esos jóvenes autores en extraer de esos escritos eso que puede llamarse una forma que sea receptuable y clasificable en lo que se les ofrece como cajón.

\15/ Seguramente lo que se les escapa, la mayor parte, es eso que está allí adentro, lo que hace su peso y esencia, lo que, sin duda retiene a esos lectores de los cuales siempre me sorprendo por saberlos tan numerosos. Es la dimensión del trabajo lo que precisamente se representa allí.

\16/ Quiero decir que cada uno de ellos, cada uno de esos escritos representa algo que yo he tenido que desplazar, impulsar, acarrear en el orden de ésta dimensión de resistencia, que no es de orden individual, que es sólo por el hecho que las generaciones ya en tiempo en que yo comenzaba a hablar, se reclutaban ya a un nivel más adulto, esa relación en pleno deslizamiento al saber que se encontraba, para decirlo todo, formada, de todos modos; de un modo tal, que nada en sí, sería más difícil que situarlos al nivel de esa experiencia enunciadora, denunciadora que es el psicoanálisis.

\17/  Es precisamente por eso que lo que trato hoy de articular, lo hago con una cierta esperanza, que algo se conjugue y que sea lo que sea nos ofrece a la atención de las generaciones más  jóvenes, con lo que efectivamente se presenta como un discurso.

\18/ Por otra parte que no se espere de ningún modo que ese discurso pueda hacerse profesión articulada de una posición de distancia, en el lugar de lo que verdaderamente se opera en ese progreso del discurso analítico.

\19/ Lo que yo enuncio del sujeto, como efecto él mismo del discurso, excluye absolutamente que el mío haga sistema, en tanto que lo que hace su dificultad está en indicar, por su proceso mismo, como ese discurso mismo, es comandado por una subordinación del sujeto, del sujeto psicoanalítico, del cual me hago aquí soporte por relación a eso  que lo comanda y que sostiene a todo el saber.

\20/ Mi posición, todos lo saben, es idéntica en muchos puntos a aquella que, bajo el nombre de epistemología, plantea una cuestión que podría, en alguna suerte, definirse siempre por esto: ¿qué del deseo que sostiene del más oculto eso que es el discurso, que es aparentemente el más abstracto, digamos el discurso matemático?.

\21/ Sin embargo la dificultad es de un orden enteramente diferente al nivel en que debo ubicarme, por la razón que si el suspenso puede ser puesto sobre lo que anima el discurso matemático, esta claro que cada una de esas operaciones está hecha para obturar, elidir, recoser, suturar esta cuestión en todo momento y recuerden lo que aquí  apareció —ya hace cuatro años— bajo la función de la sutura.

\22/ Entonces, que, al contrario de lo que se trata en el discurso analítico es de dar su presencia plena a esta función del sujeto, al contrario regresando ese movimiento de reducción que está en el discurso lógico perpetuamente descentrada y de un modo tanto más problemático, en tanto no nos es permitido de ningún modo suplirla en lo que es falla, sino por artificio e indicando precisamente lo que hacemos en este instante, cuando nos permitimos designar esa falta, efecto de la significancia de algo que, pretendiendo significarla, no podría ser, por definición, un significante.

\23/ Si indicamos significante de A/ [A mayúscula barrada] es de algún modo para indicar esa falta, como lo he articulado ya muchas veces esa falta en el significante ¿qué es lo que representa esa falta en el significante?.

\24/ Si por otra parte podemos admitir que esa falta sea algo específico en nuestro destino de extraviados —allí nosotros designamos la falta— ha sido siempre la misma y si hay algo que nos ponga en relación con la historia, es el concebir durante cuanto tiempo los hombres han podido pasar allí.

\25/ Pero no es esta la cuestión que yo vengo hoy a aquí a promover ante ustedes. Hoy por el contrario, se los he dicho: se trata de topología.

\26/  Si existe una fórmula que he repetido estos días, estos tiempos, con insistencia es aquella que enraíza la determinación del sujeto en que un significante lo representa, lo representa para otro significante.

\27/ Esta fórmula tiene la ventaja de insertarse en una concepción más  simple más  reducida, aquella de un significante 1 a un significante 2. Es lo que nos hace partir para no perdernos —no perder ni un sólo instante más— la dependencia del sujeto.

\28/ La relación de ese significante 1 a ese significante 2, todos aquellos —y no es enteramente raro el poder esperarlo, a partir de un cierto momento— todos aquellos que tienen alguna audición de lo que se refiere a la lógica, en que es probablemente en la teoría de los conjuntos, lo que se llama un par ordenado. No puedo dar aquí su indicación, dispensado de lo que, sobre tal demanda que me llega, haré su comentario más tarde.

\29/ Esta referencia teórica es, por otra parte, importante de ser destacada aquí. Sin embargo, lo que yo llamo mi discurso, no data de ayer. Quiero decir que, como se los he enunciado la última vez, hay algo al borde de lo cual nos lleva nuestro camino;  es lo que ya está construido al nivel mismo de la experiencia y yo diría del trabajo, del trabajo que consiste en hacer entrar en mi discurso, en un yo diría provocante, aquellos que quieren superar el obstáculo que reencuentra ese sólo hecho, que ese discurso, en un momento haya sido comenzado en el seno de una institución que, como tal, estaba hecha para suspenderlo.

\30/ He tratado de situar ese discurso, de construirlo en su relación fundamental al vínculo del saber, en algo que algunos de aquellos que han podido abrir mi libro habrán podido encontrar en cierta página dibujado bajo el nombre de grafo. Hace diez años ya que esta operación alcanzo su venida al día. En el seminario de 1957-58 sobre las formaciones del inconsciente, para marcar bien las cosas en lo vivo de eso de lo cual se trata, diré que es por un comentario del Witz, del chiste —como Freud se expresa— el chiste, digo yo, que esta construcción comienza.

\31/ En verdad no es para referirme a ese discurso mismo, que he empleado eso directamente —para retomar aquí  el punto en que lo había dejado la última vez— sino más  bien a algo que es necesario decirlo, sin ser perfecto y aún sin testimoniar singular negligencia, tiene sin embargo, el alcance de testimoniar en que fecha, a saber en el boletín psicológico, ese extracto, ese resumen fue impreso.

\32/ Se puede ver allí que desde esa época, tan prehistórica, por relación a la emergencia como tal del objeto a, que no estaba aún designado, a ese nivel se seguía lo que yo había hecho el año anterior sobre la relación de objeto; que no estaba designado, pero sí verdaderamente prefigurado para alguien que entendió la continuación, en la función del objeto metonímico.

 \33/ Las cosas son puestas en su lugar en ese momento y cada uno puede, sin tener que recurrir a notas no publicadas, encontrar aquí  su testimonio, en ese extracto de las formaciones del inconsciente que recubre en una primera sección las lecciónes del 6, 13 y 20 de Noviembre de 1957. Encontramos un primer dibujo que se representaba así.

 

         Fig.

 

\34/ Del modo más  claro, es aquí  en ‘d’ (d) que parte esta línea para culminar aquí  en ‘d´’ (d´) donde, que pongamos el (´) o que no lo pongamos, está claro que al ver el dibujo de esta curva con esta marca de flecha en la extremidad y esta pequeña pirámide en la partida, no es cuestión de hacerla partir de aquí  para ir en sentido contrario que importa; ese detalle cerca el testimonio del autor del resumen y guarda su interés.

\35/ Su interés sobre todo en que él testimonia que si como después la cosa ha devenido  banal, que este primer esbozo del grafo tiene por función el inscribir en alguna parte, —lo que es de una unidad de la cadena significante en la medida que ella no encuentra su acabamiento más  que allí  donde recorta la intención, en el futuro anterior que la determina.  A saber, que si de aquí algo se instaura, que es el querer decir, digamos lo que se desarrollará del discurso, no se acaba más  que en reencontrarla. Dicho de otro modo, no toma su pleno alcance más  que del modo aquí  designado, es decir retroactivo. Es a partir de allí que se puede hacer una primera lectura de esa relación en una toma como Otro (A), o en lugar del código, a saber de lo que es necesario suponer ya como tesoro del lenguaje  para que puedan ser de él  extraídos, bajo el sello de la intención, esos elementos que vienen a inscribirse, los unos después de los otros, para desarrollarse a partir de allí bajo la forma de una serie de S1, S2, S3. Dicho de otro modo de una frase que se enrula hasta que algo de ella se halla realizado firmemente.

\36 ¿Qué sería más natural, no sería más que de un modo didáctico de haber articulado entonces, y después de todo, porque yo mismo no temblaría en el presente, cuando pienso cuan larga fue esta marcha, de haberme dejado ir a una debilidad parecida?  A Dios gracias, no se refiere a eso.

\37/ Leo bajo la pluma del escriba de entonces que, pese a sus descuidos, no ha dejado de retener aquí lo que es esencial: "nuestro esquema representa no el significante y el significado, sino dos estados del significante". No se los repito como él lo enuncia, en tanto lo enuncia de través, pero es evidentemente ese circuito. "... El circuito que designa ... d A g d', (d A g d´), representa la cadena del significante en tanto que permanece permeable a los efectos de la metáfora y de la metonimia ; es por ello que la consideramos constituida al nivel de los fonemas".

\39/ "... la segunda línea —la que ven aquí  dibujada algo embrollada que introduce una mala localización sobre un esquema aquí mal reproducido. Se los digo casi al nivel de las designaciones literales— representa el círculo del discurso, discurso común constituido por semantemas que, bien entiendo, no corresponden de modo unívoco al del significado sino que son definidos por un empleo".

\40/ Ustedes  perciben bien como puede estar esto condicionado al nivel en que lo edifico, por la necesidad de poner en su lugar — entonces haría falta percibir  que allí está el acceso más  evidente— de poner en su lugar la formación del inconsciente, en tanto que ella puede producir el Witz en la ocasión, lo que se refiere a la formación de la palabra famillionario. Es que es evidente que esto no puede producirse más que en la medida en que pueda recortase en una interferencia precisa, estructuralmente definible, algo que juega al nivel de los fonemas con algo que es del círculo del  discurso, del discurso más común. Cuando Hirsch Hyacinthe —y es esencial que no sea aquí Henrich Heine, otro H.H., que sea contado— cuando Hirsch Hyacinthe hablaba de Salomón Rothschild, decía que él lo había recibido de un modo enteramente familiar. He ahí lo que viene familiarmente sobre el círculo del discurso, quería decir que él lo había recibido de un modo famillionario, es decir que él inscribía allí, que hacía entrar allí esos fonemas suplementarios, que el realiza esta fórmula impagable que no deja de tener su alcance para cualquiera, esta familiaridad que, como en alguna parte se expresa Freud, no deja de tener un último gusto de millones. Este no es un chiste, nadie ríe si ustedes  lo expresan así, si ustedes  lo expresan, si eso aparece, si eso horada  =[¿?] bajo la forma famillionario, la risa no falta. ¿Por que después de todo, no falta?.

\41/ No falta precisamente en tanto que un sujeto esta allí interesado, en tanto se trata de saber dónde ubicarlo, y evidentemente no podemos aquí —como Freud mismo lo articula— más que percibir que ese sujeto está siempre funcionando en un registro triple, que no hay chistes más que a la mirada, la presencia de un tercero, que el chiste no se sostiene como tal más que por un interlocutor en el otro, a saber, en el momento en que Hirsch Hyacinthe relata la cosa al compañero, pero donde aquel lo percibe como estando él mismo en otra parte, como estando muy cerca de ir a contarlo a un otro tercero.

\42/ Efectivamente esa triplicidad se mantiene cuando ese otro tercero lo repite, pues para que él se refiera a aquél a quien va a relatarlo, es precisamente en tanto que Hirsch Hyacinthe aquí  permanece sólo e interrogado en su lugar, sobre lo que a él se refiere, él relata a aquél hacia quien el mensaje se encuentra referido, a saber el nuevo auditor; ¿Dónde está el punto sensible de esta famillionaridad sino, muy precisamente en que escapará a cada uno de aquellos que la transmiten?. Esto es a saber, esta novedad del sujeto que no hesita en la ocasión en transplantar en ese campo de la relación que hago intervenir, que he introducido en nuestro discurso, bajo el término de sujeto capitalista. ¿Cuál es la función de cada uno de aquellos que pasan entre las mallas de la red de hierro que constituye esto, que tan insuficientemente delinea la noción de la explotación de ciertos hombres por otros, todos aquellos que no son tomados en esos dos extremos de la cadena que son, en esta perspectiva, no otra cosa que empleados?.

\43/ Es en tanto, precisamente, que cada uno de los interlocutores sobre el pasaje de esta dulce diversión del famillionariamiento se siente, sin saberlo, interesado como empleado o como ustedes quieran, como implicado en el sector terciario, es que eso hace  reír.

\44/ Quiero decir que no es de ningún modo indiferente que sea Heinrich Heine quien nos dice haberlos recogido de la boca de Hirsch Hyacinthe, pero no olvidemos que, después de todo, si Hirsch Hyacinthe ha existido, él es también la creación de Heinrich Heine. He mostrado suficientemente cuales han podido ser las relaciones de Heinrich Heine con la baronesa Betty. Cualquiera que se introduzca en ese sesgo, en ese algo que parece sólo una punta, una saliente, un chiste, si él ríe, es en tanto que interesado en esa captura ejercida por no importa cual, una cierta forma de riqueza, ciertos modos de su incidencia en una relación qué, no es sólo la de una opresión social, sino del interés de toda posición del sujeto en el saber que ella comanda.

\45/ Pero el interés que hay que recordar en esta estructura, es que desde ese punto, es de un modo riguroso que distingo aquí el círculo del discurso; es precisamente para mostrar que así se encontraba preparada la verdadera función de lo que completa esta primera aproximación, de lo que se refiere al discurso, que es, a saber, que nada podría ser articulado en lo concerniente a la función del sujeto, si no es doblándolo de lo que parece, en un nivel —únicamente en virtud de las dimensiones del papel— presente como el piso superior.

\46/ Pero quien no estuviera allí podría también describirlo a la inversa, en tanto él está suspendido precisamente de esta función del A aquella que hoy interrogaremos.

\47/ La interrogamos porque no es una parte del discurso que ella misma interroga.

\48/ He dicho de que modo, tan bien articulado, tan bien puesto en evidencia por el discurso analítico, él mismo, en el modo en que he introducido la lección, después diré, cuando haya comenzado a dibujarla así, hilvanado sobre el grafo simplificado de puntos de interrogación que lo superan, y que he llamado por referencia a "El diablo enamorado", el Che vuoi.

\49/ El "che" quiere decir: ¿qué quiere el Otro? Yo me lo pregunto. Esta duplicidad de la relación al otro que hace que podamos aquí desdoblar lo que se presenta como discurso, o digámoslo de un modo más depurado, enunciación que aquí se presenta como demanda, de un modo perfectamente indicado porque ese sujeto habla puesto en una conjunción definida por eso que llamo provisoriamente el punzón, con la demanda articulada como tal. Es por otra parte eso de lo cual ese texto y ese relevamiento prestan el testimonio que ya es verdaderamente como demanda, que esta línea está constituida.

\50/ Y aquí, eso que allí se refiere como homólogo a la función A, es decir a eso que se produce como efecto de sujeto en la enunciación, aquí, pues el índice o la indicación S (A/) es ahora lo que no diría interpretado por primera vez, pues ya lo he hecho bajo múltiples formas, pero si reinterrogado en la perspectiva que hoy introducimos.

\51/ Conviene pues, partir nuevamente del punto en que el sujeto se define en el nivel más bajo de lo que, aquí, se presenta en escalera como siendo lo que representa un significante para otro significante.

\52/ No es sólo por un modo de superponer la función de lo imaginario a lo simbólico que aquí yo he indicado, en mi primer esquema, la presencia del objeto llamado, entonces, objeto metonímico para ponerlo en correspondencia con algo que es su imagen y el reflejo más, dicho de otro modo, el yo (moi), imagen de a.

\53/ La interrogación sobre el deseo de Otro. Aquí esta el resorte de la identificación imaginaria. Es por ello que lo pongo en rojo. Veremos que él también se articula de un modo simbólico.

 

Fig.

 

\54/ Ustedes saben que aquí aparece por primera vez la fórmula del fantasma, bajo la forma $ <> a.

\55/ Si desde ese momento está bien indicado que esta cadena es la cadena del significante, es precisamente porque aquí esta ya contenida la relación del significante 1 a esta forma mínima que he llamado el par ordenado, a la cual se limita el enunciado del significante, como siendo lo que representa un sujeto, un sujeto para otro significante.

\56/ Ese otro significante, en esta conexión radical es precisamente lo que representa el saber, el saber pues en la primera articulación de lo que se refiere a la función del significante, en tanto que ella determina el sujeto. Es saber es ese término opaco, donde viene, si puedo decirlo, a perderse el sujeto mismo, se apaga aún, si ustedes quieren. Es lo que, desde siempre representa la noción, que he subrayado ya, del empleo del término fading.

\57/ En esta relación, en esta génesis subjetiva en la partida, el saber se presenta como ese término donde viene a apagarse el sujeto. Allí está el sentido de lo que Freud designa como Urverdrängung.

\59/ Esta pretendida represión que está dicha, expresamente formulada, como no siendo una, sino como siendo ese nudo ya fuera de alcance del sujeto, siendo todo saber de él.

\59/ He allí lo que significa la noción de Urverdrängung, en tanto que hace posible que toda una cadena significante venga a reunírsele, implicando este enigma, esta verdadera contradicción en acto que es el sujeto como inconsciente.

\60/ Hemos dibujado aquí, en un tiempo precoz o suficientemente bueno, en la articulación de ese discurso que me encuentro soportando en la experiencia analítica, hemos ya cuestionado este problema de lo que puede decir, al nivel del discurso, formación del inconsciente, del Witz, en la ocasión que puedo aquí decir: Yo digo (Je dis).

\61/ Pues he distinguido precisamente, y esto desde el origen de este discurso, la distinción de lo que a él se refiere, del discurso y de la palabra, y la fórmula-clave que he inscripto este año en el primero de estos seminarios, de lo que es un discurso sin palabras, esencia —he dicho— de la teoría analítica.

\62/ Y bien, allí, para recordarles que es en esa unión que va a ponerse en juego esta año, eso que hemos anticipado par lo que, en "De un Otro al otro", nosotros hemos de dejar la palabra. No se trata aquí de la palabra y no les he aún mostrado si, sin embargo ya lo hago entrar en juego recordándoles el discurso que he atribuido a esta persona inaprensible esencialmente, que he llamado la verdad, si le he hecho decir: "yo, (moi) yo (je) hablo..." esto es precisamente lo que he subrayado, que se trata de otra cosa que de eso que ella dice; lo indico aquí para marcar que ella está en el plano de atrás, que nos espera, en cuanto a lo que tenemos que decir de la función del discurso.

\63/  Retomémosla allí ahora y observemos que en eso de lo que se trata en la cadena significante —siempre la misma es de la relación del significante a otro significante.

\64/ Contentémonos. Es un artificio de exposición, No disimularé aquí, que me evita una introducción por la vía de la teoría  de los conjuntos, y el recuerdo, si es necesario que lo haga— sería necesario que lo hiciera un tanto poco articulado. El recuerdo de ese hecho que en primer paso, esta teoría tropieza sobre un paradoja: aquélla que se llama la paradoja de Russell. A saber, se trata de una cierta definición que es la de los conjuntos, o sea de lo que está más cerca de la relación significante: una relación de conexión.

\65/ Ninguna otra cosa está indicada aún en ese carthecum (sic). La primera definición de la función del significante, si esto no es más que significante, en una relación que podemos definir como queramos — el término más simple sería pertenencia— relación de un significante a otro significante. En esa relación, hemos dicho, él representa al sujeto.

\66/ Esta conexión tan simple sería suficiente si tanto otros trazos no nos lo indicaran que de la lógica matemática —como tantos lingüistas lo han percibido— es la teoría de los conjuntos quien se encuentra más al alcance de tratar de ella —no digo de formalizarla— de tratar de esta conexión.

\67/ Lo recuerdo para aquellos que han escuchado hablar un poquito de eso, que el primer paso de lo que se encuentra es que con esta única condición de considerar como una clase, y esto hasta se demuestra, todo elemento de una tal conexión, en tanto que pueda escribirse que él no pertenezca a sí mismo, va a entrañar una paradoja.

\68/ Repito esta introducción. No hago aquí más que indicar su lugar. Desarrollarla no haría recaer sobre enunciado aún más singulares.

\69/Quizá si el tiempo nos dejara o si la tomamos ulteriormente, podríamos hacerlo.

\70/ Procederé de otro modo, y no partiendo más de mi grafo, trataré de mostrarles de un modo formal a que nos conduce esto que tomamos de la fórmula —el significante no representa al sujeto más que para otro significante— que tomamos elementos que nos ofrecen el mismo grafo en la partida, de aquí.

\71/ Es S, un significante que nosotros pondremos. Si tomamos, como otro significante aquél que constituya el A, si hemos llamado en primer lugar el A, el lugar, el tesoro de los significantes, ¿no nos encontraremos en posición de interrogar la siguiente disposición, es que hay que plantear como significante de la relación misma al mismo significante que interviene en la relación?.

\72/ Dicho de otro modo, si es importante, como lo he subrayado que, en esta definición del significante, no intervenga más que la alteridad del otro significante, ¿a qué va a conducirnos?¿es formalizable de un modo que lleve a alguna parte, el delinear de ese  $/ significante, mismo A alteridad del Otro, lo que pertenece a la relación?.

\73/ Este modo de plantear el problema —lo digo para reafirmar también a aquellos a quienes esto puede inquietar— no es de ningún modo extraño a lo que constituye el punto de partida de un cierto modo de formalización en la lógica matemática.

\74/ Eso, a este nivel, necesitaría que yo desarrollara suficientemente la diferencia que constituye la definición del conjunto por relación a la clase. La cuestión está bien planteada al nivel de la lógica matemática, tan bien que él es un punto donde ella se indica en esta lógica del cual, ruego al Cielo que nos concerniera de más cerca, pues los problemas están allí resueltos, esto es, a saber, que la clase de los conjuntos que se contienen a sí mismos —tienen allí un ejemplo de ello, al menos indicado— bajo la forma de esta inscripción, esta clase no existe.

\75/ Pero tenemos otra cosa de que ocuparnos, además de la lógica matemática. Nuestra relación al Otro es una relación más candente. El hecho de saber si lo que surge del sólo hecho de la demanda que el Otro contiene ya en algún modo, todo eso alrededor de lo cual ella se articula, si se tratara sólo de discurso; dicho de otro modo, si hubiera un diálogo —lo cual, precisamente, a fin del año pasado he proferido aquí, que no existía diálogo— si, entonces, este Otro pudiera ser concebido como el código cerrado, aquel sobre cuyo techado no hay más que apoyarse, para que el discurso se instituya sin falla, para que el discurso pueda allí totalizarse. Esto es lo que de este modo rudimentario, y de algún modo al margen de la teoría de los conjuntos, yo interrogo.

\76 Habría podido poner en el lugar de esa S una b, como aquélla. Se habrían dado cuenta que se trata del b, a, ba. Estamos en el  b, a, ba de la cuestión y desde el b, a, ba verán como ella se ahonda y lo hace topologicamente.

\77/ Si es así que hemos planteado la cuestión está claro que lo que es A en el par ordenado que constituye este conjunto, está tomado por idéntico al A que lo designa; esto va entonces a escribirse así:

 

S————————> (S—————————> A)

 

Relación de  S con  S en relación con  A.

 

\78/ Substituyo en A lo que A es, en tanto que es el significante del conjunto constituido por la relación de S a A, relación de par ordenado. Esto es enteramente usual en todo desarrollo de una teoría de los conjuntos, cuyo fundamento mismo es que todo elemento se supone poder ser conjunto él mismo.

\79/ Ven ustedes entonces lo que se produce a partir de ese proceso. Veremos una serie de no se que, que son esos círculos que describo. Nos han servido para hacer funcionar el conjunto y su designación como tal. Tenemos una repetición indefinida de S sin que podamos detener nunca el retroceso de A, si pudiera decirlo.

 

Fig.

 

\80/ No se pongan, sin embargo, en sus cabezas que él se reduce, que se desvanece, si pudiera decirlo, espacialmente; que de ningún modo este indicado aquí algo que constituya, que sea del orden de una reducción infinitesimal de una distancia o de algún pasaje, en el límite no se trata más que de la inaprensibilidad, aunque él permanezca siempre el mismo, A como tal.

\81/ Ese carácter inaprensible, que no es seguramente para nosotros sorprendente en tanto hemos hecho de él, de A, el lugar de la Urverdrängung.

\82/ Ello nos permite ver, precisamente, que eso que yo interrogaba hace un momento, a saber eso que referiría aquí a esos signos circulares, lo es en la medida en que el A lo hace así. Simplemente se multiplica por el hecho que podemos escribirlo en el exterior y en el interior, y esos círculos no hacen más que incrementar esta identidad.

\83/ Dicho de otro modo, que ese círculo, el más impulsado en un sentido, de lo que surge de esa noción de disimetría, volverá al último término, confundiéndose con el círculo de partida, que esta fuga que hace que en su interior mismo, una envoltura reencuentre su afuera; ¿perciben o no ustedes el parentesco con lo que hemos dibujado en uno de los años precedentes bajo la forma topológica del plano proyectivo, ilustrado, materializado para el ojo, por medio del cross-cap? el lugar de la verdad agujereado.

\84/ Que el gran Otro, como tal, tenga en sí esta falla —que  no pueda saberse lo que el contiene, si no es su propio significante— he allí la cuestión decisiva donde se puntualiza lo que se refiere a la falla del saber.

\85/ En la medida que es en el lugar del Otro donde se suspende la posibilidad del sujeto en tanto que él se formula, en muy importante saber que eso que lo garantizaba —a saber el lugar de la verdad— es él mismo un lugar agujereado.

\86/ Que, en otros términos, lo que ya poseemos de una experiencia fundamental que no es de ningún modo experiencia del azar, producción caduca de los clérigos, a saber la pregunta: ¿Dios existe?. Percibimos que esta pregunta no toma su peso más que, precisamente, por reposar sobre una estructura más fundamental, a saber, en el lugar del saber; podemos decir que de algún modo el saber se sabe a sí mismo, el saber se soporta articulado al significante.

\87/ Es siempre así que he tratado, para aquellos que me escuchan, de desplazar esta cuestión que no podría ser más que el objeto de una apuesta de la existencia de Dios, de desplazarla sobre lo que puede articularse verdaderamente, a saber: de cualquier modo que soportemos la función del saber, no podemos —hecho de experiencia— soportarla más que por articularla en el significante ¿El saber se sabe él mismo o es abierto desde su estructura?

\88/ Ese círculo que dibuja esta  botella de Klein, forma que, aún más simplemente, quiero decir para que se reencuentren allí, habría podido, siendo dado ese carácter que tiene mi dibujo, de ser un círculo que se reencuentra a sí mismo pero vuelto, en tanto lo más interior viene a conjugarse para que pueda serle dado el sentido, el índice de la dificultad de la cual se trata; debo referirme a la botella de Klein, de la cual he hecho su dibujo suficientes veces aquí para que alguno la recuerde ¿qué hace aparecer ella?

\89/ A esta estructura, y en tanto que ustedes la ven, podemos darle algún soporte imaginario y es precisamente en lo que debemos ser particularmente sobrios. Esta estructura no es otra cosa que el objeto a.

\90/ Es precisamente en esto que el objeto a el agujero que se designa al nivel del Otro, que como tal es cuestionado por nosotros en su relación al sujeto.

\91/ Pues, tratemos ahora de sostener a ese sujeto donde él está representado. Tratemos de extraerle esa S, significante que lo representa, del conjunto constituido por el par ordenado.

\92/ Es allí que les será muy simple recaer sobre terreno conocido. Esta es la paradoja de Russell. ¿que hacemos nosotros aquí, sino extraer del conjunto  aquellos de los significantes de los cuales podemos decir que no se contienen a sí mismos?.

\93/ Es suficiente —y les dejo ir a buscar a las primeras páginas de no importa que teoría ingenua o no, de los conjuntos— es suficiente que se refieran a ello para saber que, del mismo modo que está perfectamente ilustrado en la articulación al sofisma, la clase de todos los catálogos que no se contienen a sí mismos no podría de ningún modo situarse bajo la forma de conjunto, por la buena razón que no podría de ningún modo reconocerse en los elementos ya inscriptos de este conjunto.

\94/ Aquella es distinto de eso. Ya he rebatido ese tema. Es corriente. Es trivial. No hay ningún modo de inscribir en un conjunto ese algo que podrían extraer de él, designándolo como el conjunto de los elementos que no se contienen a sí mismos.

\95/ No haré su exhibición aquí. Simplemente es suficiente que resulte de ello que sólo con plantear la cuestión de saber si S está en  A, en tanto que contrariamente a él, no parte de eso que como A, por relación a sí mismo se contiene a sí mismo, sólo en querer aislar, ustedes no saben donde ubicarlo, hagan la prueba. Si está  afuera, está adentro; si está adentro, está afuera.

\96/ En otros términos, que de ningún modo para todo discurso que se plantea como fundado esencialmente sobre la relación a otro significante, es imposible totalizarlo como discurso, en la medida en que esto es dicho y se plantea como cuestión que el universo del discurso —hablo aquí no del significante sino de lo que está articulado como discurso— estará siempre en extraer algo de cualquier campo que sea, que pretende totalizarlo.

\97/ En otros términos, que lo que ustedes verán producirse a la inversa de ese esquema es que, a medida que se interroguen sobre la pertenencia al conjunto de un S cualquiera, en primer lugar planteado como en esta relación, el S será forzosamente excluido del A. El próximo S que ustedes interroguen es aquel que se reproduce en la relación S (A) que aquí he mostrado, reproducido; que ellos saldrán todos indefinidamente dando la esencia de lo que esencialmente metonímico en la continuidad de la cadena significante, a saber que todo elemento significante se extrae de toda totalidad concebible.

\98/ Esto es —me excuso por ello— para terminar, sin duda, un poco difícil, pero observen que al ver instalarse ese proceso por salidas sucesivas, por envolturas nunca infecundas, y no pudiendo nunca englobarlas, lo que se indica, es que lo que es allí tangible de la división del sujeto sale precisamente de ese punto que, en una metáfora espacial, llamamos agujero, en tanto que es la estructura de la botella de Klein sale precisamente de ese centro, donde el (a) se plantea como ausencia.

\99/ Si esto es suficiente para captarlo, la continuación de la consecuencia que proseguiré en cuanto al grafo, podrá tomar su pleno alcance en cuanto al lugar de la interrogación analítica entre la cadena de la demanda y la cadena de la enunciación, entre el enunciación en la cual el sujeto no se enuncia más que como "él", y entre lo que aparece no sólo la demanda sino la relación de la demanda a la cadena de la enunciación como yo (je) y como "tú". Esto constituirá el objeto de nuestro próximo encuentro.

 

 

 

S16-04 de 04 de dezembro de 1968

\01/ Entremos de lleno en el tema porque estamos retrasados y retomemos el último propósito, recordando en suma sobre lo que se centraba: sobre el Otro, en resumen, sobre lo que yo llamo "el gran Otro".

\02/  Había terminado destacando ciertos esquemas, advirtiendo— suficientemente pienso— que no estaban allí sólo para ser tomados, únicamente, bajo su aspecto más o menos fascinante, sino que estaban allí para ser referidos a una articulación lógica, aquella que se compone propiamente de esa relación de significante a otro significante, la que he tratado de articular, a fin de extraer sus consecuencias, partiendo de una función elaborada en la teoría de los conjuntos como es la de los pares ordenados. =[pares ordenados da na teoria dos conjuntos]

\03/ Fue al menos bajo ese fundamento lógico que, la última vez, traté de hacerles sentir ese algo que tiene una punta, una punta alrededor de la cual gira el interés, el interés para todos, espero, que está en eso que se articula bien: que el Otro, ese gran Otro, en su función —tal como yo la he articulado— no encierra ningún saber del cual pueda presumirse que algún día sea absoluto.

\04/  Vean ustedes. Ahí puntualiza las cosas hacia el futuro, en tanto que, de ordinario, yo articulo hacia el pasado y ahí esta referencia al Otro es le soporte erróneo del saber, como ya allí...

\05/ Entonces, aquí, yo puntúo —porque en su momento volveremos a él— puntúo el uso que he hecho de la función de par ordenado porque he tenido, mi Dios, algo que puede llamarse la felicidad, de recibir de una mano que lamento anónima, un billete galante (un petit poulet) planteándome la cuestión de explayarme un poco más acerca del uso que sin duda, al autor de ese billete parece un poco precipitado, sino abusivo —quizá él no llega hasta allí— precipitado, digamos, del uso del par ordenado. =[Ninguém pergunta o que é o 5, o 8 o 58. Todos se perguntam se o emprego de cada um deles vai bem ou não vai. Portanto a questão de saber ou de conhecer fica aqui novamente elucidada: o emprego dos números é questão de saber e não de conhecer.]

\06/ No comenzaré por ahí, pero tomo nota de ello para decir que en su momento volveré.

\07/ Que el Otro sea aquí puesto en cuestión; he ahí lo que importa extremadamente a la continuidad de nuestro discurso.

\08/ No existe en este enunciado —digámoslo en primer lugar, el Otro no encierra ningún saber que esté ya allí, ni por venir en un estatuto de absoluto— no hay en este enunciado nada de subversivo. =[Em termos de saber, o Outro é burro... E o Inconsciente não é também burro?]

\09/  He leído algo recientemente en alguna parte, en un punto ideal que por otra parte permanecerá en su rincón, el término de "subversión del saber".  Ese término de "subversión del saber" estaba allí, mi Dios, anticipado, más o menos bajo mi patrocinio. Lo lamento en verdad, pues yo no he anticipado absolutamente nada de tal o tales deslizamientos, y no puede ser considerado más que como muy lamentable el volver a esta suerte de uso de pacotilla que puede hacerse de trozos hasta bien desasidos de mi discurso, de revisión de términos que mi discurso precisamente no ha pensado nunca en tocar de cerca, para hacerlos funcionar en un mercado que no sería para nada feliz si tomara el giro de hacer uso de colonización universitaria.

\10/ ¿Por qué el saber sería subversivo por no poder ser absoluto, cuando esta pretensión sea o no mostrada, es necesario decirlo, ha sido siempre risible? Risible. Justamente estamos allí  al nivel de lo candente de nuestro asunto. Quiero decir que esa nueva partida tomada en el chiste en la medida en que provoca la risa, la provoca justamente, en suma, en tanto que está precisamente suspendida sobre la falla inherente al saber.

\11/ Si me permiten un pequeño paréntesis, evocaré el primer capítulo de la tercera parte del "Capital": —La producción de la plusvalía—, el capítulo 5 sobre "El trabajo y su valorización". Es allí creo, que se encuentra, en algunas páginas algo que es necesario decir; no he alcanzado las recientes búsquedas sobre el estructuralismo de Marx para ubicarlo. Quiero decir que ese viejo volumen que ven allí, hacerse más o menos pedazos, recuerdo el tiempo en que lo leía en el que era mi vehículo de entonces, cuando yo tenía una veintena de años, a saber, el subterráneo cuando iba al hospital y ya entonces, había algo que me había retenido y sorprendido que es, a saber, como Marx, en el momento en que introduce esta plusvalía, no lo hace ni como plus ni como valía, pero sí lo hace después de tomado un tiempo, un tiempo tomado así, con aire bonachón, donde él dejaba la palabra al interesado, es decir al interesado, es decir al capitalista. El le dejaba justificar, en algún modo su posición por lo que es, entonces, el tema: el servicio, de algún modo rendido de poner a disposición de este hombre que no tiene, mi Dios, más que su trabajo, a lo sumo un instrumento rudimentario, su garlopa, el torno y la fresadora, gracias a lo cual él podrá hacer maravillas, cambiando —buenos servicios y hasta leales— todo un discurso que Marx refulge en su tiempo para desarrollarse y lo que él señala, lo que me había sorprendido entonces, en el tiempo de esas buenas primeras lecturas, es que él puntúa allí que el capitalista, personaje fantasmal al cual él se enfrenta, el capitalista ríe.

\12/ Hay allí un trazo que parece superfluo; me pareció sin embargo, me ha parecido desde entonces, que esa risa, precisamente, se relaciona a lo que en ese momento  Marx devela, saber, lo que es la esencia de esta plusvalía: "Su buen apóstol —él le dice— causa servicio siempre como tú lo escuchas si tú quieres de esta disposición de aquél que puede trabajar, del medio que tú te encuentras detentando, pero de lo que se trata es de que ese trabajo que tú vas a pagar por lo que él fabrica con ese torno y esa fresadora, no le pagarás más que lo que él hará con la garlopa —a la que he evocado hace un momento— es decir que él se asegurará por medio de su garlopa, a saber, su subsistencia".

\13/ Esta relevancia del pasaje, con seguridad no percibida, y de la conjunción de la risa con esa relación, esa relación que es allí un alegato, que no tiene el aire más que de un discurso de lo más honesto, esa relación con esta función radicalmente eludida, cuya relación propia con esta elisión es característica en tanto que ella constituye propiamente el objeto a, ya ha sido suficientemente indicada por nuestro discurso.

\14/ Está allí siempre. Confieso no haber podido señalarla en el tiempo en que comenzaba a construir el grafo sobre el chiste. Allí está la relación fundamental alrededor de la cual gira siempre —sobresalta el choque, a unos un poco más, a otros un poco menos— de la cual hablaba hace un momento, el giro de pasará —pasará, el pase mágico que aprehenden en el vientre, en el efecto del chiste.

\15/ En suma, la función radical, esencial, de la relación que se oculta, en una cierta relación de la producción al trabajo, es, precisamente como lo ven ustedes allí, tanto como en otras partes, más profunda en otro punto, que es aquél al cual trato de conducirlos alrededor del plus de gozar.  Hay allí algo como de un gag =[Curiso que gag significa mordaça e piada!] innato que tiende —hablando con propiedad— a esa juntura cuya cuña hundiremos, cuando se trate de esas relaciones que juegan en la experiencia del inconsciente en su función más general.

\16/ No quiere decir —y allí, entonces retomará algo que podría servir a fórmulas escabrosas— no quiere decir que pueda de algún modo haber allí teoría del inconsciente, por lo mismo —ténganme confianza— que no es por nada de eso a lo cual apunto.

\17/ Que haya teoría de la práctica analítica, seguro; del inconsciente, no. =[Por que há teoria da prática psicanalítica e não do inconsciente?] Salvo el querer hacer derramar lo que esta teoría de la práctica psicoanalítica nos da  del inconsciente, lo que puede ser tomado en el campo de esta práctica. Pero no otra cosa.

\18/ Hablar de la teoría del inconsciente es verdaderamente abrir la puerta a esta suerte de desviación bufona que espero tachar, que es la que se exhibe hace ya largos años bajo el término de "psicoanálisis  aplicado", que ha permitido toda suerte de abusos. ¿Aplicarlo a qué? Especialmente a las bellas artes. =[Então, somente há pesquisa psicanalítica e nada mais!]

\19/ Brevemente; no quiero insistir más hacia esta fórmula de báscula o de desborde sobre el borde de la ruta analítica, la que culmina en un agujero que yo encuentro deshonroso. Retomemos.

\20/ El Otro no da más que la tela del sujeto, o sea su topología, por la cual el sujeto introduce una subversión, ciertamente y que no es sólo la suya, en el sentido en que la he delineado; he hablado de subversión del sujeto por relación a lo que de él se ha enunciado hasta entonces. Eso es precisamente, lo que quiere decir esta articulación en el título donde la he puesto, pero la subversión de la que se trata es aquélla que el sujeto ciertamente introduce, pero de la cual se sirve lo real, que en esta perspectiva se define como lo imposible. =[O Outro é como tela para o sujeito; o sujeito subverte o Outro!]

\21/ Pues,  no hay un sujeto en el punto preciso que nos interesa, no hay sujeto más que de un decir. [Somente há sujeito de um dizer e nada mais!] Si yo planteo esas dos referencias, la de lo real y la del decir, es precisamente para marcar que es allí que ustedes pueden vaci(...) aún y he planteado la cuestión, por ejemplo, si no está allí desde siempre lo que se ha imaginado del sujeto. También es precisamente allí que les es necesario aprehender lo que el término de "sujeto" enuncia, en la medida que es el efecto de ese decir, la dependencia. No hay más sujeto que de un decir. =[Só existe sujeito do dizer!]  Allí está lo que vamos a cercar correctamente para no desprendernos del sujeto.

\22/ Decir —por otra parte— que lo real es lo imposible, es también enunciar que es sólo ese cercamiento más extremo del decir, en tanto que es lo posible que él introduce y no simplemente que él enuncia.

\23/ Sin duda queda la falla, para algunos de que ese sujeto estaría en alguna parte, sujeto volante de ese discurso que no sería allí más que despliegue, chancro =[cancro, úlcera]  creciente en el medio del mundo donde se haría esa juntura, que ese sujeto, sin embargo, lo hace viviente. No es cualquier cosa en las cosas que hace sujeto. =[O sujeito é essa perene irrupção transitória que surge para no ato do surgimento desaparecer!]

\24/ Es allí que importa retomar las cosas en el punto en que nos dispersemos en la confusión a nivel de lo que decimos, aquello que permitiría restaurar a ese sujeto como sujeto pensante en cualquier pathos que sea del significante. Yo entiendo por significante lo que no hace sujeto de sí mismo a ese pathos.

\25/ Lo que define a ese phatos es en cada caso, muy simplemente lo que se llama un hecho y es allí que se sitúa la desviación donde vamos a interrogar lo que produce nuestra experiencia, esta es otra cosa y va mucho más lejos que el ser que habla, en tanto que es el hombre del cual se trata. =[Somente há pathos quando há dizer, e dizer em cima do lance, seja esse dizer por fala, por escrita, essa por carta ou e-mail, ou por producão gestual, artística etc. Para os infantes em psicopatologia fundamental. =[Somente há pathos quando há dizer, e dizer em cima do lance, seja esse dizer por fala, por escrita, essa por carta ou e-mail, ou por producão gestual, artística etc.  Recitar aquilo que se escreveu é gozo que põe em segundo plano o páthos! Uma psicopatologia fundamental é uma psicopatologia do páthos e não do gozo; uma psicopatologia fundamental não é para mudos e calados e muito menos para fazer emudecer e emudecer-se atrás dos textos ou calar e calar-se atrás de textos.]  El efecto del significante; más de una cosa es pasible de él. Todo lo que esta en el mundo no deviene propiamente hecho, más que en lo que se articula de él en el significante; ni ocurre nunca ningún asunto, más que cuando el hecho es dicho. =[O fato que não é determinado pelo significa não é nada.]

\26/ Entre esas dos fronteras ; es allí que tenemos que trabajar. Lo que del hecho no puede decirse es designado en el decir por su falta, y esa es la verdad. =[A verdade é aquilo que do Real não se é capaz de dizer a não ser pela sua falta.] Es por lo cual siempre la verdad se insinúa, pero puede inscribirse también de modo perfectamente calculado, allí donde sólo ella está en su lugar, entre las líneas; esa es su substancia. La verdad es precisamente lo que padece del significante. =[A verdade é aquilo que carece de significante!] Eso lleva lejos. Lo que padece por su naturaleza, digamos que cuando digo que eso lleva lejos, ello lleva justamente muy lejos en la naturaleza.

\27/ Durante largo tiempo pareció aceptarse lo que se llamaba el espíritu. Es una idea que ha pasado, aunque sea un poco. Nada pasa nunca, en tanto que se lo crea en otra parte. En fin, aquélla ha pasado, por lo que se prueba que bajo ese nombre de espíritu no se trata más que del significante mismo, lo cual, evidentemente pone en situación peligrosa, no mal, a la metafísica; a las relaciones pone en situación peligrosa, no mal, a la metafísica; a las relaciones de nuestro esfuerzo con la metafísica, sobre lo que ella es, una puesta en cuestión que tiende a no perder todo el beneficio de su experiencia ; a la metafísica resta algo, saber algo en esto, saber precisamente en un cierto número de puntos, de zonas más variadas o más provistas de lo que se diría en primer lugar, y de cualidades muy diversas. Se trata de saber eso que se llama "estructuralismo".

\28/ La cuestión es revelada en una recopilación que acaba de aparecer. He leído las premisas. No se si está ya en circulación: "¿qué es el estructuralismo?" por nuestro amigo Francois Wahl. Les aconsejo no perderlo. Plantea sobre ese punto un cierto número de cuestiones.

\29/ Pero seguramente es suficientemente importante decir, marcar nuestra distinción de la metafísica. En verdad, antes de marcarla, no es inútil enunciar que no es demasiado creer de lo que se pone en evidencia como desilusión.

\30/ La desilusión del espíritu no es un triunfo completo. Si se sostiene en otra parte, la superstición designaría en una idealidad de la materia, esta sustancia misma impasible que se colocaba en primer lugar en el espíritu, la llamamos superstición porque después de todo bien puede hacerse su genealogía.

\31/ Existe una tradición, la tradición judía, curiosamente, donde se puede poner en relieve lo que una cierta trascendencia de la materia puede deber; y lo que se enuncia en las Escrituras  es singularmente no percibido, bien entendido; pero todo esta claro en lo concerniente a la corporalidad de Dios. Son cosas sobre las cuales no podemos hoy extendernos. Ese era un capítulo de mi seminario sobre el Nombre del Padre, sobre el cual he hecho una cruz. Es el caso de decirlo...

\32/ Pero en fin, esta superstición llamada "materialista", se podría agregar  "vulgar", no cambia nada enteramente. Merece la cuota de amor de la cual se benefician todos, ella fue lo más tolerable, hasta el presente, en el pensamiento científico, pero no puede creerse que durará siempre. Sería suficiente que el pensamiento científico haga sufrir un poco a ese lado —si eso no fuera impensable — para que la tolerancia en cuestión no dure.

\33/ Susceptibilidad que ya se evoca, mi Dios, hacia distinciones como aquella que yo hice un día, ante un honorable miembro de la Academias de Ciencias de la URSS., diciendo que "cosmonauta" me parecía una mala denominación, porque en verdad nada me parecía menos cósmico que el trayecto que era su soporte, especie de turbación, de agitación para un propósito, mi Dios, tan gratuito. La resistencia —propiamente hablando— desconsiderada, después de todo es todo lo que quería decir, que no es seguro que aunque así se lo llamará —Dios en el sentido del Otro, o la naturaleza— no es la misma cosa, pero es precisamente en uno de esos dos lados que habría que reservar, atribuir un conocimiento previo de la ley newtoniana para que se pudiera hablar de "cosmos" y de "cosmonauta".

\34/ Es allí que se siente lo que continúa albergándose de ontología metafísica, aún en los lugares más inesperados.

\35/ Lo que nos importa es lo que justifica la regla por la cual se instaura la práctica psicoanalítica, muy brutalmente la llamada de "asociación libre", libre no quiere decir otra cosa que licenciando al sujeto, licenciar al sujeto es una operación, pero una operación que no está obligatoriamente superada. No es suficiente siempre dar licencia a alguien para que se vaya, lo que justifica esta regla es que la verdad, precisamente, no es dicha por un sujeto, pero es sufrida; delineamos allí algo de lo que llamaremos infatuación fenomenológica. =[A verdade não é dita por um sujeito; ela é sofrida por um sujeito!]

\36/ Ya he destacado uno de esos menudos monumentos que se exhiben en un campo donde los enunciados toman, gustosamente, patente de ignorancia: "esencia de la manifestación", tal es el título de un libro muy bien acogido en el campo universitario, acerca del cual, después de todo, no tengo ninguna razón para decir quien es su autor, en tanto estoy en vías de calificarlo de fatuo. Esencia de su propia manifestación, en todo caso, en ese título; así la potencia con la cual en tal página está articulado que si algo nos es dado como certeza, es que el sufrimiento no es otra cosa que el sufrimiento y, en efecto, ello produce siempre algo cuando se dice. Es suficiente tener dolor de dientes y haber leído nunca a Freud para encontrar eso suficientemente convincente.

\37/ He ahí, después de todo, en que se puede pensar incidentalmente; pero allí verdaderamente, creo que soy, yo también, un poco tradicional, en aquello de lo cual se puede dar gracia a tal apresuramiento en la marcha —es el caso de decirlo— de llamarlo así, de promover, si puede decirse, el a no decir, para que se pueda marcar bien la diferencia de lo que hay que decir verdaderamente.

\38/ Esto es dar demasiada justificación al error y es precisamente por lo que yo señalo al pasar que al decir eso yo no adhiero enteramente. Pero para ello, mi Dios, sería necesario que yo restableciera eso de lo que se trata en una apología de los sofistas y Dios sabe a lo que eso nos arrastraría. Cualquiera que fuera, la diferencia está en que si eso que nosotros hacemos, nosotros analistas, opera, es justamente porque el sufrimiento no es el sufrimiento y para decir lo que es necesario, es necesario decir: "El sufrimiento es un hecho". Ello tiene el aire de decir algo casi parecido, pero no es enteramente parecido, al menos si han entendido bien lo que les he dicho hace un momento acerca de lo que era un hecho. =[O sofrimento é um fato!]

\39/  Seamos más bien modestos. Hay sufrimiento que es hecho, es decir que encubre un decir. Es por esta ambigüedad que se refuta el que sea insuperable en su manifestación, que el sufrimiento quiere ser síntoma, lo que quiere decir "verdad".

\40/ Yo hago decir al sufrimiento, como hago decir a la verdad; en una primera aproximación, es necesario atemperar los efectos del discurso. Yo le hago decir aunque en términos para el uno o la otra modulados, no del mismo tono, yo hablo, lo evoco por haber recientemente retornado allí. Tratemos de ser más rigurosos en nuestro avance.

\41/ El sufrimiento tiene su lenguaje y es muy desdichado que cualquiera pueda decirlo sin saber lo que dice. Pero, en fin, éste es precisamente el inconveniente de todo discurso. Es que a partir del momento en que él se enuncia rigurosamente como el verdadero discurso, es un discurso sin palabras, como lo he escrito esto año en el frontispicio; no importa quien pueda repetirlo después que ustedes  lo hayan sostenido, eso no tiene ya consecuencias.

\42/ He ahí uno de los lados escabrosos de la situación. Dejemos, pues, de lado el sufrimiento, y precisemos para la verdad lo que focalizaremos a continuación.

\43/ La verdad, esencialmente habla. Ella habla yo (je) y ustedes ven allí definidos dos campos límites: aquél donde el sujeto no se ubica más que por ser efecto del significante, aquél donde hay pathos del significante sin ninguna estiba aún hecha en nuestro discurso al sujeto, el campo del hecho, y además lo que al fin nos interesa y que no ha aún aflorado en otra parte más que sobre el Sinaí, a saber, lo que habla yo  (je).

\44/ "Sobre el Sinaí". Me excuso, acaba de salírseme de entre las piernas, no quiero lanzarme sobre el Sinaí, pero en tanto acaba de salir es necesario que justifique porqué.

\45/ Hace un cierto tiempo —y siempre alrededor de esta pequeña falla de mi discurso que se llamaba "El Nombre del Padre" y que resta abierta— había comenzado a interrogar la traducción de un cierto —no pronuncio bien el hebreo— "Ege" (sic). Creo que eso se pronuncia "Ege acher ege" (sic), lo que los metafísicos, los pensadores griegos han traducido: "Soy aquel que és". Seguramente les hacía falta el ser. Sólo que esto no quiere decir eso.

\46/ Hay dos medios términos. Hablo de gentes que dicen: "yo soy el que soy" Eso no quiere decir nada. Eso tiene la bendición romana.

\47/ Hago observar, creo, que es necesario entender "Yo soy eso que yo soy". En efecto, eso tiene al menos un valor de golpe de puño en la cara. Ustedes me preguntan mi nombre, yo respondo : "Yo soy lo que yo soy" y ustedes se van a hacer coger (foutre). Es precisamente lo que hace el pueblo judío desde hace tiempo.

\48/ En tanto el Sinaí me ha surgido a propósito de la verdad que habla yo (je); el Sinaí, pero ya he pensado en la cuestión, no querría hablarles de ella hoy, pero en fin, en tanto que esta hecho, vayamos a ello. Creo que es necesario traducir: "Yo soy lo que yo es". =[Eu sou isso que eu é.]

\49/ Es por eso que el Sinaí me ha surgido así, es para ilustrarles lo que creo interrogar alrededor de lo que se refiere al yo (je) en tanto que la verdad habla yo (je).

\50/ Naturalmente, el ruido se expande en el París de los pequeños cafés, donde se sostienen los "pia-pia-pia"; como Pascal, yo he elegido el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Las almas desde cualquier lado que sean llevadas a acoger esta novedad, vuelven a poner sus movimientos en el cajón.  La verdad habla yo (je) pero la recíproca no es verdad, todo lo que habla yo no es la verdad. =[A verdade fala eu, mas aquele que fala eu não é a verdade!] ¿Adonde iríamos sin eso?.

\51/ Eso no quiere decir que esos propósitos sean completamente superfluos, porque entiendan bien que poniendo en cuestión la función del Otro y sobre el principio mismo de la topología, lo que yo desprendo no es una pretensión demasiado grande, es verdaderamente la cuestión en el orden del día, es precisamente lo que llamaba Pascal,  "El Dios de los filósofos".

\52/ Pues, no es por nada que se lo pone en cuestión, pero sin embargo, hasta el presente resiste y del modo en que,  hace un momento he eludido, permanece sin embargo, bien presente a una cantidad de modos de transmisión de ese saber, del que les digo que no esta enteramente subvertido, hasta y más aún, a cuestionar este Otro pensando como pudiendo totalizarlo. Ese era el sentido de lo que aporté la última vez.

\53/ Por el contrario, haya dicho o no la verdad, el otro Dios por cual es necesario rendir homenaje a nuestro Pascal — por haber visto que no tenía, estrictamente, nada que hacer con el otro— aquel que dice "yo soy lo que yo soy". Que eso haya sido dicho, ha tenido algunas consecuencias y no veo por qué, aún sin ver allí la menor chance de verdad, no esclarecemos algunas de esas consecuencias para saber lo que es de la verdad, en tanto que ella habla yo (je).

\54/ Una cosita interesante, por ejemplo, es el darnos cuenta que en tanto la verdad habla yo (je) y que la respuesta se da allí en nuestra interpretación, para nosotros psicoanalistas es una ocasión de notar algo de lo cual ya he hablado en su tiempo bajo el título de "El deseo y su interpretación": el hecho que no tengamos el privilegio de la interpretación.

\55/ He querido destacar que al plantear así la cuestión del yo (je), debemos darnos cuenta, aunque no fuera más que para advertirnos, hasta para desconfiar que, desde entonces, la interpretación debe ser mejor cernida, en tanto el profetismo no es otra cosa, pero hablar yo (je) en un cierto surco que no es el de nuestro sufrimiento, pertenece también a la interpretación.

\56/ La suerte de Otro está, pues suspendida, no diría de la cuestión, no diría de mi cuestión, sino de la cuestión que plantea la experiencia psicoanalítica.

\57/ El drama es que cualquiera que sea la suerte que le reserva este ponerlo en cuestión, lo que la misma experiencia demuestra es, que es de su deseo al Otro que yo soy —en los dos sentidos maravillosamente homonímicos en francés de esas dos palabras— que yo soy la traza (trace). =[Sou o traço (trace) do desejo do Outro. Que dois sentidos têm o termo francês “trace”?]

\58/ Es por otra parte, precisamente en eso en lo cual yo estoy interesado, en la suerte del Otro.

\59/ Entonces, nos falta un cuarto de hora y la palabrita que he recibido se enuncia así: "El último miércoles usted relaciónó, sin precisar, el par ordenado y un significante que representa al sujeto para otro significante". Es enteramente verdad. Es por eso que sin duda mi corresponsal ha puesto debajo una barra y debajo de la barra "¿Por qué?" con un punto de interrogación. Debajo de "¿Por qué?" otra barra, después marcado por dos gruesos puntos o más exactamente un circulito lleno de negro: "Cuando el par ordenado es introducido en matemática, es necesario un forzamiento para crearlo".

\60/ En esto reconozco que la persona que me ha enviado ese papel sabe lo que dice, es decir que tiene al menos del número, que tiene probablemente más aún, más que la instrucción matemática. Es totalmente verdad. Se comienza por articular la función de eso que es un conjunto y si uno no introduce, en efecto, la función del par ordenado por esta suerte de forzamiento, que se llama en lógica un "axioma", no hay nada más que hacer, que lo que en primer lugar ustedes han definido como conjunto.

\61/ "Entre paréntesis —se agrega, directa o indirectamente— el conjunto tiene dos elementos".

\62/"El resultado de ese forzamiento es el de crear un significante que reemplace la coexistencia de dos significantes", Es totalmente exacto. Segunda distinción: "El par ordenado determina esos dos componentes en tanto que en la fórmula: un significante representa al sujeto para otro significante, sería sorprendente que un sujeto determine dos significantes".

\63/ No tengo más que un cuarto de hora y sin embargo, espero tener el tiempo de aclarar como es necesario, pues no es difícil, lo que he enunciado la última vez, lo que prueba que no lo he enunciado suficientemente bien, en tanto alguien me interroga, como ustedes lo ven en esos términos de los más serios. Voy entonces a escribir en el pizarrón.

\64/ En ningún momento he subsumido en un sujeto la coexistencia de dos significantes. Si introduje el par ordenado, que como seguramente lo sabe mi interlocutor, se escribe por ejemplo: S1, S2, esos dos signos se encuentran, por un buen azar siendo los trozos de mi punzón cuando se reúnen, esos dos signos, no sirviendo en la ocasión más que, muy precisamente para escribir que esto es un par ordenado.

\65/ La traducción bajo forma de conjunto, quiero decir articulada en sentido del beneficio que se espera del forzamiento, está en traducir esto en un conjunto y los elementos en un conjunto siendo siempre ellos mismos conjunto, ven repetirse el signo del paréntesis: S1 segundo elemento de este conjunto S1, S2; un par ordenado y un conjunto que tiene dos elementos, un conjunto formado por el primer elemento del par ordenado y un segundo conjunto. Son pues, el uno y el otro, dos subconjuntos formados de los dos elementos del par ordenado.

\66/ Lejos que el sujeto pueda aquí, de ningún modo subsumir los dos significantes en cuestión, ustedes ven supongo, que fácil es decir que el S1 aquí, no cesa de representar al sujeto, como mi definición lo articula: "el significante representa un sujeto para otro significante". Sin embargo el segundo conjunto presentifica lo que mi corresponsal llama esta "coexistencia", es decir, en su forma más amplia esta forma de relación que se puede llamar "saber".

\67/ La cuestión que yo planteo a ese propósito está bajo su forma más radical, si fuera concebible un saber que reuniera esta conjunción de los dos subconjuntos en uno solo, de un modo tal que pueda serlo bajo el nombre de "A", la conjunción que está aquí articulada en un saber de los dos significantes en cuestión.

\68/ Es por lo cual después de haber delineado desde el significante "A" un conjunto hecho S 01, en tanto lo he substituido S1, S2, A, he interrogado lo que él se desprendía de la topología del Otro y es, a saber, que se los he mostrado de un modo ciertamente demasiado figurado, para ser lógicamente satisfaciente en pleno, pero cuya necesidad de figura me permitía decirles que esta continuidad de círculos se involucran de un modo disimétrico. Es decir, ahora, siempre, en la medida de su mayor interioridad, aparente, la subsistencia de "A" es mantenida pero en tanto que esta figuración de una topología sugerida lo es gracias al más pequeño de los círculos, el cual se uniría al más  grande sobre esta figura; es la topología sugerida por una semejante figuración con respecto al índex de esto sería : que el gran "A", si lo definimos como incluyéndose posiblemente, es decir devenido saber absoluto tiene esta consecuencia singular, que lo que representa al sujeto no se inscribe allí, no se manifiesta allí, más que bajo la forma de una repetición infinita —como lo han visto ustedes  inscribirse— bajo la forma de esa gran "S" en la serie de paredes del círculo, donde se inscriben indefinidamente.

\69/ Así, el sujeto al no inscribirse más que como repetición infinita de sí mismo, se inscribe allí de un modo tal, que está precisamente excluido y no se trata de una relación que sea de interior ni de exterior, de aquello que es planteado en primer lugar como saber absoluto.

\70 Quiero decir que hay allí algo que da cuenta en la estructura lógica, de lo que la teoría freudiana implica de fundamental en el hecho que, originalmente el sujeto, a la mirada de lo que lo relacióna a cualquier caída del goce, no podría manifestarse más que como repetición y repetición inconsciente.

\71/ Es entonces uno de los límites alrededor del cual se articula el lazo del mantenimiento de la referencia al saber absoluto, al sujeto supuesto saber, como nosotros lo llamamos en la transferencia, con este índex de la necesidad repetitiva que deduce de ello, que es lógicamente el objeto pequeña "a", el objeto pequeña "a" en tanto que aquí el índex está representado por círculos concéntricos.

\72/ Por el contrario, aquello sobre lo cual he terminado la última vez es el otro de la interrogación que debemos plantear al gran "A", al gran Otro, en la medida que le impusimos la condición de no contenerse a sí mismo.

\73/ El gran "A" no contiene más que S1, S2, S3, todos distintos de lo que ese gran "A" representa como significante.

\74/ ¿Sería posible que bajo ésta otra forma, el sujeto pudiera subsumir de un modo que sin reunir el conjunto así definido como universo del discurso, pudiera estar seguro de permanecer allí incluido?.

\75/ Es el punto sobre el cual quizá, he pasado un poco rápido y es por lo cual, para terminar hoy, vuelvo allí.

\76/ La definición de un conjunto en tanto que él reúne elementos, quiero decir que es definido conjunto: tantos puntos a los cuales otros varios se conectan. Tomo punto porque no hay modo más sensible de figurar el elemento como tal; esos puntos, por ejemplo están en relación a aquél el elemento del conjunto y es así que ese cuarto punto puede figurar a partir simplemente del momento en que lo definimos como elemento.

\77/ En el interior, entonces, del gran Otro donde no figurará ninguna "A" como elemento, ¿puedo definir el sujeto bajo esta forma ultrasimple por la que él está constituido, lo que parece ser exhaustivo para todo significante en tanto que no es elemento de sí mismo, es decir que ni S1, S2 o S3, son significantes semejantes al gran "A", que gran "A" es su Otro para todos?.

\78/ ¿Voy yo como sujeto del decir a emitir simplemente esta proposición que S1, significante cualquiera no es elemento de sí mismo?.

\79/ ¿Podré así reunir algo que sirva a aquel punto, a saber el conjunto que reúne todos los significantes así definidos, lo he dicho, por un decir?. Esto es esencial para retenerlo para la continuación, pues ese "por un decir", dicho de otro modo: proposición, es eso alrededor del cual es necesario hacer girar, en primer lugar, la función del sujeto para aprehender su falla, pues cualquier uso que den a continuación a una enunciación, aún su uso de demanda, es el de haber marcado eso que como simple decir ella demuestra de falla, y ustedes podrán,  muy correctamente, en la falla de la demanda, cernir en la enunciación de la demanda, lo que es la falla del deseo.

\80/   El estructuralismo es la lógica para todo, lo que  quiere decir que, aún al nivel en que podemos interrogar al deseo, y Dios sabe con seguridad, que hay más de un modo, hay tipos que braman, hay tipos que claman, tipos que dramatizan y ello simplemente vale. Ustedes  no sabrán jamás nada de lo que ello quiere decir, por la simple razón que el deseo no puede decirse. =[O desejo não pode dizer-se, mas pode interpretar-se.] Del decir él no es más que la desinencia y esto es porque esta desinencia debe, en primer lugar ser cerrada en el puro decir, allí donde sólo el aparato lógico puede demostrar su falla. =[O DESEJO ENQUANTO DESINÊNCIA DO DIZER!]

\81/ Pues, claro que lo que aquí tendría el rol del segundo significante por esencia — quizá aquí lo he llamado S alfa, S beta, S gamma— ese segundo significante, el sujeto en tanto que él es el subconjunto de todos los significantes, en tanto que no son elementos de ellos mismos, en tanto que "A" no es "A".¿ Qué podremos decir de esto?.

\82/ Hemos planteado como condición, tomemos aquí para ser simple, las letras a las cuales están ustedes más  habituados, a saber "X no es elemento de X", para algo se inscriba bajo la rúbrica de "S2", el subconjunto formado por ese significante junto a lo que va a ser presentado para los otros, el sujeto, es decir, justamente aquél que lo subsume como sujeto.

\83/ Es necesario para que "X", cualquiera sea "sea el elemento de" esa primera condición: que " X no sea elemento de X", segunda condición: tomamos "X" como elemento de "A", en tanto el "A" los reúne a todos.  Entonces, ¿qué va a resultar de eso?.

\84/ Ese S2,¿es elemento de sí mismo?. Si fuera elemento de sí mismo no respondería al modo en que hemos construido el subconjunto de los elementos, en tanto que no son elementos de sí mismos. Entonces no es elemento de sí mismo— Entonces no es para esta alfa, esta beta, esta gamma, está allí donde lo he ubicado, en tanto que no es elemento de sí mismo; S2 no es elemento de sí mismo.

\85/ Supongamos que S2, sea elemento de gran "A",¿ qué quiere decir eso?.  Esto es que S2 es elemento de S2, en tanto que todo eso que no es elemento de sí mismo, siendo elemento de gran A lo hemos definido como formando parte, como constituyendo el subconjunto definido por X elemento de S2.

\86/ Podemos además escribir S2 es elemento de S2. Eso es lo que hemos rechazado hace un momento, en tanto su definición en ese subconjunto es que está compuesto de elementos que no son elementos de sí mismos ¿ Que resulta de ello?.

\87/ Para aquellos que no están habituados a esta suerte de razonamientos, sin embargo simples, yo lo figuro, aunque la figuración sea aquí enteramente pueril: esto es, ¿implica algo que S2 no siendo elemento de gran "A" no puede ser figurado aquí, es decir fuera, lo que demuestra que el sujeto, de cualquier manera que entienda subsumirse, sea de una primera posición de gran Otro como incluyéndose a sí mismo, sea en el gran Otro en limitarse a los elementos que no son elementos de ellos mismos?.

\88/ ¿Cómo traduciremos esta exterioridad donde les he planteado el significante del subconjunto, a saber S2?. Eso quiere decir muy precisamente, que el sujeto, en último término, se sabría ser universalizado, que no hay proposición que diga de ningún modo —aún bajo la forma de que el significante no es elemento de sí mismo— que eso que lo define, sea una definición englobante por relación al sujeto. Y esto también demuestra, no que el sujeto no está incluido en el campo de Otro, sino que lo que puede ser el punto donde él se significa como sujeto, es un punto, digamos, exterior al Otro, exterior al universo del discurso.

\89/ Como también lo he escuchado repetir en eco a partir de mi articulación no hay universo del discurso, lo que querría decir: que no hay universo del todo; me parece, que si no hubiera aquí sostenido un discurso bastante cerrado, es muy precisamente eso por lo cual no obtendrían ustedes ninguna clase de ayuda.

\90/ Que esto les sirva de ejemplo y se apoye para nuestro método, y también como punto a alcanzar, para eso que la próxima vez, el 11 de Diciembre —espero nos reunamos— para llevar adelante esta articulación en lo que les interesa, no sólo en tanto que psicoanalistas, de lo cual son el punto vivo, sino también en tanto que psicoanalizantes, por lo cual están en su búsqueda.

 

 

S16-05 de 11 de dezembro 1968

\01/ Noté algunas veces, por mi parte, pequeñas mañas en vuestra intención. Entonces, en el momento de resolver papeles, reencontré uno que va a justificar mi entrada en tema.

\02/  "Es lamentable —escribía yo, ya no sé cuándo— que Dios sirva para ser descartado por lo que nosotros llamaremos la proscripción de su Nombre". Eso tomó forma de entredicho, precisamente allí donde podría saberse mejor, lo que a él se refiere en relación a la función de ese término Dios —a saber, entre los Judíos.

\03/ Saben que entre ellos, él tiene un nombre impronunciable, Y bien, esta proscripción, justamente, sirve para descartar— comenzaba a decir — un cierto número de referencias absolutamente esenciales al sostén del yo (je) con una luz suficiente.  Suficiente para que no se lo pueda arrojar —existe yo (je) allí dentro— arrojar a los perros, es decir, a los profesores.

\04/ Eso de lo cual, en suma, he partido la última vez —lo han escuchado, sino visto— casi pese a mí, plantear en primer lugar y por delante esta referencia yo (je) por el intermedio del Dios en cuestión, He traducido eso que fue proferido un día bajo la forma "eye acher eye" (sic) por "Yo soy lo que yo es". Les dije, entonces, haber sido desbordado yo mismo, un poco, por el avance de esta noción que he justificado como traducción —o creo haber justificado—. Luego dije que, después de todo, allí, el Sinaí había hecho emerger, pese a mí, el piso entre las piernas. Esta vez no he recibido papelito —sin embargo lo esperaba— alguien que mi hiciera destacar que esas palabras surgieron de la zarza ardiente ¿Ven lo que habría hecho, si yo les hubiera dicho que la zarza ardiente me había salido de entre las piernas, que he puesto el Sinaí en el lugar de la zarza ardiente?. Tanto más que, después de todo es de las continuidades de la cosa de lo que se trata sobre el Sinaí. Es decir que, como ya lo hice destacar en el Seminario sobre la Ética, aquello que es enunciado —por lo menos en mi decir— como "Yo soy lo que yo es", aquello bajo la forma de lo cual después se transmite en el imperativo de la lista de los diez Mandamientos, dichos de Dios, no hacía —lo he explicado hace bastante tiempo— más que enunciar las leyes del "Yo hablo".

\05/ Es verdad, como lo he enunciado, que la verdad habla "Yo". Parece ir de suyo que "Tú no adorarás más que aquel que ha dicho: "Yo soy lo que es y tú no adorarás más que a él".

\06/ En la misma consecuencia, "Tú amarás" —como también se dice— "a tu prójimo como a ti mismo", no siendo "ti mismo" otra cosa que eso en lo cual el es dicho, en esos mismos mandamientos, eso a lo cual uno se dirige como a un "Tú", un "Tú eres" (Tu es) cuya ambigüedad verdaderamente mágica en la lengua francesa he subrayado desde hace tiempo. 

\07/ Ese mandamiento, cuyo preludio subyacente es ese "Tú eres" los instituye como Yo (je), Es también el mismo vientre ofrecido a ese "matando" (tuant) que hay en toda invocación. Y se sabe que eso no existe lejos de la orden a la que se responde allí. Todo Hegel está construido para mostrar lo que se edifica en ese punto.

\08/ Se los podría tomar uno por uno, pasando, con seguridad por aquel sobre la mentira, después, enseguida sobre ese entredicho de: "No codiciar la mujer, el buey ni el asno de tu vecino" que es siempre aquél que te mata (te tue). Mal se ve lo que se podría codiciar de otro, estando precisamente allí la causa del deseo. No hay palabra más que donde la clausura del mandar la preserva.

\09/ Es de destacar que, seguramente, por una solidaridad que participa de la evidencia, no hay palabra —hablando con propiedad— más que allí donde la clausura de tal mandamiento la preserva. Lo que explica bien porque a esos mandamientos, desde que el mundo es mundo, nadie los observa muy exactamente, y que es por eso que la palabra, en el sentido en que la verdad habla Yo (je), permanece profundamente oculta y no emerge más que para mostrar un pequeño cabo de la punta de la nariz, de tiempo en tiempo, en los intersticios del discurso.

\10/ Conviene, pues, conviene en la medida que existe una técnica confiable al discurso, para reencontrar allí algo, un camino, una vía, como se dice que se presume no ser sino en relación con —como uno se expresa, pero desconfiemos siempre de los anversos del discurso— la verdad y la vida. Conviene, quizá, interrogar de más cerca aquello que, en ese discurso, se funda como pudiendo seducir, darnos un puente hacia ese término radical, inaccesible, que con alguna audacia el último de los filósofos, Hegel, cree poder reducir a su dialéctica.

\11/ Para nosotros, es un abordaje que es el que he comenzado a franquear, es ante el otro, como permitiendo cernir un desfallecimiento lógico, como lugar de un defecto de origen llevado en la palabra, en tanto que ella podría responder, es allí que aparece el Yo como primeramente asujetado (assujetti), como asujeto (assujet) y lo he escrito en alguna parte, para designar a ese sujeto en tanto que en el discurso no se produce jamás más que dividido. Si el animal que habla no pudiera estrecharse al partenaire, más que asujetado en primer lugar, es porque él ha sido siempre ya hablante en la aproximación misma de esta abrazo. El no puede allí formular el "Tú eres" más que si el mata (el tue), que si él otrifica la partenaire, que él hace lugar al significante.

\12/ Aquí, se me permitirá volver un instante sobre ese "Yo es" de la última vez del cual, en tanto, y por un mismo paso mal hecho, he visto volver la objeción de que al traducirlo así yo reabría la puerta, digamos, al menos a una referencia de ser. Que ese "es" fuera oído por una oreja al menos, como un llamado al ser, si según la terminología de la tradición "él es" está suspendido, es lo que yo enunciaría por algún orden de naturaleza —en el sentido más original— subsistiendo en esta naturaleza que la tradición edifica a este ser supremo para responder allí de todos los estados. Todo cambio, todo giro alrededor de él, toma el lugar pivote del universo, esa "x" gracias a la cual hay un universo.

\13/Nada más alejado de la intención de esta traducción que lo que he formulado, para hacerlo escuchar puedo retomar en "Yo soy eso que es el Yo".  Digamos que aquí "él es "se lee mejor y que volvemos  a enunciar propiamente en el Yo, lo que da el fondo precisamente de la verdad, en tanto que ella habla solamente. Esos mandamientos que la sostienen, —lo he dicho hace un momento suficientemente— son propiamente lo antifísico y no pueden dejar de referirse a eso que se llama "decir la verdad". ¡Ensayen, entonces! En ningún caso, es este un punto ideal, es del caso decirlo, nadie sabe ni lo que eso quiere decir. Desde que se sostiene un discurso lo que surge son las leyes de la lógica, a saber, una fina coherencia ligada a la naturaleza de lo que se llama articulación significante. Esto es lo que hace que un discurso se sostenga o no, de allí la estructura de esta cosa que se llama el signo, que tiene que ver con lo que se llama comúnmente la letra, para oponerla al espíritu. Las leyes de esta articulación que, en primer lugar, domina el discurso.

\14/ Lo que he comenzado a enunciar en mi exposición de este año es el campo del Otro para probarlo como concebible a título de campo de inscripción de eso que así se articula en el discurso. Ese campo del Otro, en primer lugar, no está para darle ninguna encarnación; es a partir de su estructura que podría definirse la posibilidad del "tú" que va a alcanzarnos y llamar a alguna cosa —tercer tiempo— que tendrá que decirse yo (je). Está claro que lo que va a mostrarse es lo que nosotros esperamos, es lo que sabemos bien: que ese yo (je) es impronunciable en toda verdad. Es precisamente por eso que todo el mundo sabe hasta que punto es obturante y que,como lo recuerdan las leyes de la palabra —aquellas a las cuales me he referido hace un momento— es preferible no decir jamás "Yo juro".

\15/  Entonces, antes de prejuzgar lo que se refiere al Otro, dejemos abierta la cuestión. Que eso sea, simplemente, la página blanca; aún tiene ese estado. Nos traerá bastantes dificultades, en tanto que eso es lo que he demostrado en el pizarrón la última vez, esos casos supuestos que ustedes han inscripto sobre esta página blanca —a condición que sea página, es decir terminada— o sea, la totalidad de los significantes, lo que es, después de todo, concebible en tanto ustedes pueden elegir un nivel en el cual él se reduce a los fonemas. Esto es demostrable con la única condición de creer que puedan reunir allí lo que sea, algo de lo cual puedan enunciar ese juicio, esto es el sujeto, este es le término necesario para esa reunión. Esa elección se situará forzosamente fuera de esta totalidad. Es fuera de la página blanca que esta el S2, aquel que interviene cuando yo enuncio "el significante es lo que representa un sujeto para otro significante". Este otro significante, el S2, estará fuera de la página.

\16/ Es necesario partir de ese fenómeno demostrable, como interno a toda enunciación como tal, para saber todo lo que podremos tener que decir a continuación de lo que sea que se enuncia. Es por lo que vale aún si se retrasa un instante allí.

\17/ Tomemos la enunciación más simple. Decir que alguien anuncia que llueve, no se juzga, no puede juzgarse plenamente más que en retrasarse, en lo que hay de emergencia en el hecho que sea dicho que existe el "llueve"; que el acontecimiento del discurso por el cual aquel mismo que lo dice se plantea como secundario. El acontecimiento consiste en un dicho. Aquel, sin duda, del cual el "él" marca el lugar. Pero es necesario desconfiar. El sujeto gramatical que, por otra parte, no puede presentar según las lenguas distintas morfologías, no esta necesariamente aislado; el sujeto gramatical tiene relación aquí, con lo que he llamado, hace un momento, el "fuera de campo", más o menos individualizado como acabo de llamarlo, es decir también, por ejemplo, reducido a una desinencia "llueve" (il pleut). =[Cabe sempre manter a diferença entre o sujeito do dizer e o sujeito gramatical.] La t, esta pequeña t, por otra parte que encontrarán ustedes paseándose por toda suerte de rincones del mismo francés,¿ por qué vuelve a ubicarse allí donde no tiene nada que hacer, en un adorna él (orne-t-il ), por ejemplo; es decir, ¿allí donde no está enteramente en la conjugación?

 

Figura.

 

\18/ Ese sujeto gramatical, pues, tan difícil de cernir, no es más que el lugar donde viene a representarse algo.

\19/ Volvamos sobre ese S1 en tanto que es él quien representa ese algo, y recordemos cuando la última vez quisimos extraer del campo del Otro como se suponía ese S2, en tanto no podía sostenerse allí  para reunir los S alfa, S beta, S gamma, donde pretendíamos aprehender el sujeto. Es en tanto, justamente que en el campo del Otro, hemos definido esos tres S por una cierta función —llamémosla R— definida por otra parte, a saber que x no era siempre equivalente de x y que esa R (x) es lo que transformaba todos esos elementos significantes, en la ocasión, en algo que permanecía abierto, indeterminado y tomaba, para decirlo todo, función de variable. =[Parece que aquí Lacan invoca a lógica das relações.]

\20/ Es en tanto hemos especificado eso a lo que debe responder esta variable, a saber una proposición que no es cualquiera, que no es, por ejemplo que la variable deba ser buena o no importa cual otra —o roja, o blanca— sino que debe ser sujeto, que surge la necesidad de ese significante como Otro, que no podría de ningún modo inscribirse en el campo del Otro.

\21/ Ese significante esta precisamente bajo su forma más original, lo que define la función llamada del saber. =[S2 seria então a função do saber?] Tendré que volver allí, seguramente, pues este lugar, aún por relación a lo que ha sido enunciado hasta aquí, en cuanto a las funciones lógicas quizá no acentuado suficientemente es que, tratar de calificar al sujeto como tal nos pone fuera del Otro. Ese "nos pone" es quizá, una forma del "nos lleva" que nos llevará más lejos de lo que pensamos.

\22/ Aquí me será suficiente interrogar, si no es verdad que las dificultades que nos aporta, en una reducción lógica el enunciado clásico —quiero decir aristotélico— del universal y de la proposición particular, no se sostienen. Esto es lo que no se percibe más que allí: es fuera del campo, fuera del campo del Otro que deben ser ubicados el "todos" y el "algunos" y que no tenemos menos embarazo al darnos cuenta que las dificultades que engendra la reducción de esas proposiciones clásicas, en el campo de los cuantificadores, tienen algo más que decir que el "Todos los hombres son buenos o malos". Poco importa, la justa fórmula sería enunciar "los hombres" o cualquier otro, cualquiera que sea que puedan vestir con una letra en lógica "son todos buenos". Brevemente, que al poner fuera del campo la función sintáctica del universal y del particular, tendrán menos dificultades en reducirlos inmediatamente al campo matemático, pues el campo matemático consiste justamente en operar desesperadamente, para que el campo del Otro se sostenga como tal. Este es el mejor modo de probar que no se sostiene —pero probarlo enviándolo a articularse en todos los pisos— pues es a niveles bien diversos que no se sostiene.

\23/ Lo importante es ver que en tanto que ese campo del Otro es como se dice técnicamente "no consistente" que la enunciación toma el giro de la demanda. Esto antes que lo que pueda responder carnalmente —lo que fuere— hasta haya venido a ubicarse.

\24/ El interés de ir tan lejos como sea posible en la interrogación de ese campo del Otro como tal, es el de notar allí, que es en una serie de niveles diferentes que se percibe su falla. No es la misma cosa, y para hacer la prueba es allí que los matemáticos nos aportan un campo de experiencias ejemplares, pues ellos pueden permitirse limitar ese campo a funciones bien definidas.

\25/ La aritmética, por ejemplo. Poco importa aún, por el momento, lo que esta búsqueda aritmética manifiesta de ello. Han escuchado bastante para saber que en esos campos, y elegidos entre los más simples, la sorpresa es grande cuando descubrimos que falta, por ejemplo, la completitud. A saber, que no puede decirse que lo que sea que allí se enuncia, deba ser demostrado, o bien demostrado que no. Pero más aún que en tal campo, y entre los más simples, puede, quizá, ponerse en cuestión que algo, algún enunciado sea allí demostrable, que se dibuja otro nivel de una demostración posible. Que un enunciado no sea allí demostrable, pero que devenga muy singular y muy extraño más en ciertos casos ese "no demostrable" mismo, escapa para algo que se enuncia en el mismo campo. Esto es, a saber, que no pudiendo ser afirmado que él no es demostrable se abre una dimensión distinta que se llama lo "no decible".

\26/ Esas escalas no tienen incertitud, pero faltan en la textura lógica, son ellas mismas quienes pueden permitirnos aprehender que el sujeto como tal, podría de alguna manera encontrar allí su apoyo, su estatuto. La referencia —para decirlo todo— que, al nivel de la enunciación, no satisface como adhesión a esta falla misma. No les parece que como —quizá— a condición que un auditorio tan numeroso tenga allí alguna complacencia, podríamos hacerles sentir en alguna construcción —como ya lo he hecho a propósito de ese campo del Otro— que al resumirlo, pueda ser, de algún modo necesario en un enunciado de discurso, que no podría siquiera tener allí de significante como parece, puede hacerlo; pues, al abordar ese campo del exterior, de la lógica, nada nos impide, parece, forjar el Significante del cual se connota lo que, en la articulación significante misma hace defecto; si él puede —lo que aquí  dejo al margen— articularse en ese algo —y esto es lo que ha sido hecho— que demuestra que no puede situarse ese significante del cual un sujeto, en último término se satisface para identificarse allí como idéntico al defecto mismo del discurso —si ustedes me permiten aquí esta fórmula abreviada— es que todos aquéllos que están aquí  y que son analistas se dan cuenta que este orden está falto de toda exploración, que la noción de la castración que es precisamente lo que espero que hayan sentido al pasar, es el análogo de lo que se enuncia. La noción de castración permanece tan ligera, tan incierta y se encuentra manejada con el espesor y la brutalidad que se sabe.

\27/  A decir verdad, en la práctica no es manejada del todo. Se la substituye por lo que otro no puede dar. Se habla de frustración allí donde se trata de otra cosa. =[E porque Lacan usa mesmo a palavra “frustração” se se fala de outra coisa?] En el momento, es por la vía de la privación que se aproximan a ella, pero ustedes ven que esta privación es justamente lo que participa de ese defecto inherente al asunto que se trata de cercar.

\28/ Brevemente; no haré, para dejar eso de lo cual hoy no hago más que trazar el circuito, sin siquiera poder prever lo que de aquí a fin del año llegaré a hacerle soportar más que simplemente; al pasar, indico que si algo ha podido ser enunciado en el campo lógico, ustedes pueden —todos aquellos— al menos si tienen alguna noción de los últimos teoremas avanzados en el desarrollo de la lógica —aquellos saben que esto es precisamente en tanto que ese S2, a propósito de tal sistema, sistema aritmético, por ejemplo, juega propiamente su función, en tanto que es del afuera que el definido, que es en tanto, en otros términos, que este "él cuenta", y un hombre de genio que se llama Gödel ha tenido la idea de darse cuenta que aquello estaba en tomarlo a la letra, que a condición de dar su número —llamado de Gödel— a cada uno de los enunciados de los teoremas situables en un cierto campo, algo más certero podría ser cercado de lo que nunca había sido formulado — en lo concerniente a lo que acabo previamente de enunciar— cuando ello se llama la completitud o lo decidible.

\29/ Está claro que todo esto difiere de un tiempo pasado, en el cual podía enunciarse que después de todo los matemáticos no eran más que tautología y que el discurso humano podía permanecer allí pues éste es un campo que en ese decir habría sido el mismo de la tautología. Que hay en alguna parte una A que permanece, una gran A idéntica a sí misma, y todo difiere a partir del tiempo en que esto es refutado. Refutado del modo más seguro, que es un paso, que es una adquisición y que se encuentra confrontado en la experiencia, en una experiencia que nos parece como una aporía trascendente a la mirada de una historia natural, como es la experiencia analítica. No vemos el interés de ir a tomar apoyo en el campo de esas estructuras. De esas estructuras, como lo he dicho, en tanto que ellas son estructuras lógicas para situar, para poner en su lugar eso de lo cual debemos ocuparnos en el campo de otra enunciación, aquella que la experiencia freudiana permite y que también ella dirige.

 

 

Figura.

 

\30/ Es, pues, en primer lugar, en tanto que el Otro no es consistente, que la enunciación toma el giro de la demanda y esto es lo que da su alcance a lo que, en el gran grafo completo —aquel que he dibujado aquí— se inscribe bajo la fórmula  $ punzón de D. No se trata más que de eso que se enuncia de un modo que no es enunciado, es en esto que se distingue de todo enunciado. Lo que es allí sustraído, ese "Yo digo", es la forma en la cual el Yo (je) limita. El yo de la gramática puede aislarse fuera de todo riesgo esencial, puede sustraerse de la enunciación y, por ese hecho se de su reducción en el enunciado. Si ese "Yo digo que ", al no ser sustraído, deja íntegro el que por el sólo hecho de la estructura del Otro, toda enunciación, cualquiera que sea, se hace demanda.

\31/ Demanda de lo que le falta a este Otro, que al nivel de ese $ punzón de D, es una cuestión doble, es "Yo me demando lo que tú deseas" y su doble que es precisamente la cuestión que hoy puntuamos, a saber : "Yo te demando no quién soy yo, sino aún más lejos, lo que es Yo" (je). =[Aqui jaz uma grande profundidade de Lacan!]

\32/ Aquí se instala el nudo mismo que es aquel que he formulado al proferir que el deseo del hombre es el deseo del Otro, es decir que —si puede decirse— si toman los vectores tal como ellos se definen sobre ese grafo, a saber, viniendo del punto de partida de la cadena significante y por aquí, a la encrucijada designada por  $ punzón D, ese retorno que completa la retroacción aquí marcada, es realmente en ese punto  d (A) —deseo del Otro — que convergen esos dos elementos que he articulado bajo la forma "Yo me demando lo que tú deseas". Es la cuestión que se bifurca al nivel mismo de la institución del  A,  lo que tú deseas, es decir lo que falta,  ligado a lo que yo te estoy asujetado,  S (A/) [A mayúscula barrada]. Si por otra parte, yo te demando lo que es Yo (je), al estatuto del tú como tal, en tanto que es aquí que él se instala, lo marco en rojo. Ese estatuto del tú, esta constituido por una convergencia, una convergencia que se hace a partir de toda enunciación en tanto que tal; la enunciación indiferente del análisis en tanto que es así que se plantea la regla, en principio. Si ella gira a la demanda es porque es radicalmente al tú y el yo. En cuanto al tú, esas demandas convergentes, son interrogación suscitada por la falta misma, en tanto están en el corazón del campo del Otro estructuradas de pura lógica; es precisamente lo que va a dar valor y alcance a lo que se dibuja, en tanto lo que vectoriza del otro lado del grafo, a saber que la división del sujeto se hace sensible como esencial. Esto es lo que se plantea como Yo (je). A la demanda de "Quien es Yo", la estructura misma responde por ese rechazo significante de A/ [A mayúscula barrada], tal como yo lo he inscripto en el funcionamiento de ese grafo, pero lo que es aquí el tú, se instituye por una convergencia entre la demanda más radical, aquella que se nos hace a nosotros analistas, la única que sostiene en último término, el discurso del sujeto: "Vengo aquí para demandarte"... en el primer tiempo es precisamente de "quien soy yo" de que se trata. Si es al nivel del "quién es yo" que es respondido, es seguro que es la necesidad lógica quien da allí ese retroceso.

\33/ Convergencia, pues, de esta demanda y aquí, ¿qué?; de una promesa ese algo que, en S2 es la esperanza de la reunión de ese Yo (je). Es precisamente lo que he llamado con el término sujeto supuesto saber, es decir, esta primera conjunción, S1 ligado a S2 en tanto —como lo recordé la última vez en el par ordenado— es ella, es esta conjunción, ese nudo, el que funda el saber.

\34/ ¿Qué decir, entonces? Si el Yo (je) no es sensible más que en esos dos polos, divergentes, de los cuales uno se llama lo que aquí articulo como el no, el rechazo que da forma a la falta de respuesta y el otro que esta allí  articulado como s(A), ¿que es esta significación? pues ¿no está claro que todo ese discurso que hilo para dar armazón al Yo (je) de la interrogación por la cual se instituye esta experiencia, no está claro que prosigo dejando fuera —a menos hasta ese punto al cual arribamos aquí— alguna significación? ¿Qué decir? ¿qué después de haberles formado largos años sobre la diferenciación de origen lingüístico del significante como material del significado, como su efecto, dejo aquí sospechar, a parecer, que algún espejismo reposa al principio de ese campo definido como lingüística, en esa suerte de sorprendente pasión con la cual el lingüista articula, que lo tiende a aprehender en la lengua es pura forma, no contenido?

\35/ Quiero aquí conducirlos a ese punto que produje —digamos— en mi primera conferencia, en primer lugar ante ustedes, y no sin intención, bajo la forma del pote —nada que aquellos que toman notas sepan que no es sin premeditación en lo que se podría llamar, en un primer campo, mis digresiones— y si he venido digresivamente antes, sobre el pote de mostaza, no es sin razón y pueden recordar que he hecho lugar a lo que, en las formas primeras de aparición, de ese pote, es importante señalar: esto es, que no hay allí falta, nunca; que su superficie tiene las marcas del significante mismo. ¿Es que no se introduce allí esto donde el yo se formula? Es que lo que sostiene toda creación humana, de la cual ninguna imagen ha parecido nunca mejor que el trabajo del alfarero, que es, precisamente, hacer ese utensilio que nos figura, por sus propiedades, que nos figura esta imagen que el lenguaje del cual está hecho —pues donde no hay lenguaje del cual está hecho— pues donde no hay lenguaje no hay obrero —que ese lenguaje es un contenido. Es suficiente un instante para pensar que la referencia misma de esta oposición, filosóficamente tradicional de forma y contenido, que es esta misma fabricación la que está allí para introducirla. No es por nada que yo señalé —en mi primera introducción de ese pote— que allí donde se lo libera al acompañamiento del muerto en la sepultura se pone allí esta adición y que, precisamente, se al agujerea. Es precisamente, en efecto, que su principio espiritual, su origen de lenguaje es que haya en alguna parte un agujero por donde todo se va. Cuando se reúnen en su lugar aquellos que han pasado más allá, el pote también reencuentra su verdadero origen, a saber el agujero que estaba hecho para enmascarar en el lenguaje. Ninguna significación que no huya a la mirada de lo que contiene un corte. Es bien singular que haya hecho este hallazgo que no estaba ciertamente hecho en el momento en que yo les enunció esta función del pote, Yendo a buscar, mi Dios, allí donde me remito habitualmente, a saber al Bloch  y von Wartbug lo que puede referirse al pote, he tenido, si puedo decirlo, la buena sorpresa de ver que ese término, como lo testimonian aquellos, parecería pertenecer al Bajo-Alemán y al Neerlandés con los cuales tenemos en común el precéltico. Pues, sí; nos viene de lejos, del neolítico, no menos una pequeña baza, nos fundamos sobre esos potes que tenemos de antes de la invasión romana, o más exactamente como representando lo que estaba instituido antes de ella, a saber los potes que se desentierran, parece, en la región de Treves.  Bloch y von Wartbug se expresan así: "Vemos allí inscripta la palabra potus". Esto para ellos, es suficiente, para designar el origen muy antiguo, en tanto se trata de un uso que indica "potus" a título hipocorístico (hipochoristique) como se expresan para designarla los fabricantes. [=Ora potus em latim não é também bebida?] ¡Qué importa! la única cosa que para mí importa es, que cuando el pote aparece está siempre marcado sobre su superficie por un significante que él soporta. =[O nome é um significante que eu carrego mas que me marca.] El pote aquí  nos da esta función distinta de la del sujeto, en la medida que en la relación al significante, el sujeto no es previo, sino una anticipación. El es supuesto hypokeimenon, es su esencia, su definición lógica, supone casi induce, ciertamente, que el no es el soporte. Por el contrario es legítimamente que podemos dar al significante un soporte fabricado y hasta diría, de utensilio. El origen del utensilio en tanto que distingue el campo, la fabricación humana está propiamente allí.

\36/ La fabricación como producto, he ahí que lo que servía como trampa para velarnos lo que se refiere a la esencia del lenguaje en tanto que, por su esencia, propiamente no significa nada. Lo que lo prueba es que el decir en su función esencial no es operación de significación y es precisamente así que nosotros mismos, analistas, lo entendemos. Lo que buscamos es a aquellos que no tienen Otro, pero el S2 fuera del Otro como tal, suspende  lo que del otro se articula como fuera del campo. Allí está la cuestión de saber que es de ello en sujeto. Y si ese sujeto no puede de ningún modo ser aprehendido por el discurso, allí también está la justa articulación de lo que puede sustituirse. El sentido de lo que de ello se refiere a la castración se equilibra con aquello del goce, pero no es suficiente percibir esta relación como seguramente en eso que se ha manifestado en un tiempo que nos es próximo, donde algo al mismo tiempo se grita, necesidad de verdad, llamado el goce.  No es suficiente seguramente aspirar al goce sin trabas si es patente que el goce no puede articularse para ser todo, hasta incluido en el lenguaje y el utensilio. No puede articularse más que en ese registro de resto inherente al uno y al otro que he definido como el plus de gozar. Aquí retomaremos nuestro discurso el 8 de Enero.

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